Rozalén: «La vida se trata de intentar ser feliz haciendo también felices a los demás»

2020-05-06T18:25:16+02:00mayo 6th, 2020|

Por: Gerard Sánchez

La crisis causada por el Covid-19 ha puesto de manifiesto la importancia de reforzar cuestiones como la solidaridad, la humanidad y también la creatividad de cada ser humano. En medio de un clima de confinamiento, de tristeza y miedos, la música se ha convertido en una vía de escape y esperanza para muchas personas. Ya han surgido en todo el mundo canciones inspiradas en el confinamiento, pero una de las más especiales y solidarias, es “Aves enjauladas”, el nuevo tema que la cantautora y activista albaceteña, Rozalén, escribió desde su confinamiento en la sierra madrileña y que cantó desde allí a un mundo con muchas incógnitas en su porvenir. Pero, además, esta canción va dedicada a la ONG Entreculturas y, concretamente, su recaudación (a través de Youtube, Spotify y otras plataformas) va destinada a un proyecto de apoyo a la red de pisos de acogida para familias, mujeres e infancia en situación de vulnerabilidad, que el Servicio jesuita a Migrantes (SJM) desarrolla en Valencia. Así nos lo cuenta ella misma en esta entrevista que nos concede desde un confinamiento que, además de servirle para centrarse en escribir las canciones de su nuevo disco, también le está permitiendo descansar.

Mujeres residentes en los pisos que el Servicio Jesuita al Migrante (SJM) tiene en Valencia y a las que va destinado la recaudación de la canción «aves enjauladas» de Rozalén. Foto: Kristóf Holvényi

Rozalén, licenciada en psicología por la Universidad de Murcia y con un máster en musicoterapia, es una persona sensible y comprometida en varias causas sociales. Ella conoce bien la labor esencial que lleva a cabo Entreculturas en España y en otros países. De hecho, justo antes de que se decretara el estado de alarma había regresado de El Chad, junto con Beatriz Romero, la intérprete de lengua de signos que la acompaña en todos sus conciertos. Allí visitaron, de la mano de los socios locales de Entreculturas como son el Servicio Jesuita a Refugiados y Fe y Alegría, el campo de refugiados de Djabal, situado al este de Chad, en la frontera con Sudán, y conocieron de primera mano problemáticas como la ablación femenina. Además, antes de ello, ambias habían viajado a Guatemala con Entreculturas para apoyar otro de sus proyectos, el de “la luz de las niñas”.

Rozalén y Beatriz Romero visitaron los proyectos de Entreculturas en El Chad justo antes de que se declarara el estado de alarma. Foto: Entreculturas

¿Por qué decidió apoyar a Entreculturas con la recaudación de su canción “aves enjauladas”?

Conozco muy bien la ONG Entreculturas, he ido personalmente a varios países a visitar proyectos con ellos, me gusta mucho como trabajan, me parecen muy honestos y me encanta su forma de trabajar. Les pregunté si tenían algún proyecto en España, porque casi todo lo que había hecho con ellos había sido fuera, y me hablaron de esta red de pisos para familias y mujeres vulnerables y lo vi claro. Sé que va a ir a un buen lugar.

¿Cuál es su relación con ellos y qué le ha aportado a usted personalmente?

Me siento un poco en casa con ellos, estuve hace un año en Guatemala con ellos, este año antes de que empezara la pandemia estuve en un campo de refugiados en Chad y, personalmente, el trato que he tenido ha sido maravilloso y ya somos amigos. Personalmente, tanto lo que visité en Guatemala como lo de Chad han sido experiencias muy especiales. Mira que yo he viajado y he hecho cosas de cooperación, pero son aprendizajes incluso mucho más grandes que muchas de las asignaturas que estudié en la carrera de psicología.

Como dice, ha viajado a Guatemala y el Chad con Entreculturas, ¿qué le impactó más en cada uno de ellos?

En Guatemala me impactó mucho lo que vi en el barrio de Limón, uno de los más duros y peligrosos del país, el tema de las maras, de cómo funciona allí, lo conocía por encima pero no era consciente de cómo era todo esto en Centroamérica. En Chad, en un campo de refugiados, lo que más me impactó fue la historia de las mujeres, todo lo relacionado con la mutilación femenina.

Rozalén y Beatriz Romero durante su visita a Guatemala para apoyar el proyecto «la luz de las niñas» de Entreculturas.

¿Son la música y la escritura buenas vías de escape para el confinamiento?

¡Absolutamente! La cultura en general está siendo lo que nos entretiene en el confinamiento y mantiene ocupada nuestra cabeza. Estoy escuchando mucha música, estoy escribiendo mucho, leyendo y cantando y son los mejores momentos, sin duda. Encima, en mi caso es trabajo porque la mayoría de las cosas que escribo se convierten luego en canciones. Para mí es una vía de escape fundamental.

¿Cómo lleva una persona acostumbrada a viajar, a dar conciertos… y que, además, le gusta tanto el trato cercano y humano, este confinamiento?

Voy a sacar la parte positiva, es verdad que yo necesitaba descansar desde hacía mucho tiempo y no era capaz. Suelo estar todo el tiempo rodeada de gente. Creo que a nivel personal esto está siendo positivo porque estoy haciendo cosas que tenía que hacer desde hace tiempo. Estoy descansando, estoy durmiendo ocho horas diarias, estoy cocinando lento, estoy dedicando tiempo a mi hogar y a mi pareja que también es algo que no es habitual en mí y leyendo mucho. Creo que personalmente a mi esto me está sentando bien.

¿Cómo motivaría a grandes y pequeños a tratar de escribir canciones como terapia?

Yo, cuando empecé a escribir canciones lo hice a modo de juego y es muy divertido porque te pone la cabeza a crear, a improvisar melodías. Cuando hago canciones siempre suelo partir de un brainstorming (tormenta de ideas) con todo lo que se me pasa por la cabeza, es súper inspirador y terapéutico. Lo más importante es que no hay que tener miedo a hacerlo mal. Si sale algo de poca calidad, da igual, porque le sirve a uno mismo también. Es divertidísimo y les diría que no pierdan esta oportunidad.

La cantautora albaceteña Rozalén durante su visita a Guatemala con Entreculturas.

Dicen que la música calma a las fieras, ¿puede calmar también nuestras preocupaciones y frustraciones, más aún en estos tiempos de estado de alarma?

Creo que sí, en mi caso hay veces que una canción me lleva de la tristeza a la euforia y la alegría absoluta. Es uno de los poderes de las canciones llevarte de un estado de ánimo a otro. Te hace también olvidar cosas. A veces, cuando tengo la cabeza muy llena de información, me pongo canciones que me hacen no pensar, sino bailar, divertirme y punto. Eso también es importante. Hay otras que me llevan al llanto o la emoción que también es necesario y hay que sacar afuera muchas cosas. Claro que nos calma, a todos los niveles.

Se nos pide que nos quedemos en casa, pero ¿qué les podemos pedir a aquellos que no la tienen?

No hay que pedirles nada, hay que pedirles a los que tienen y a los que mandan que no se puede permitir que haya gente que no tenga una casa. Casas vacías y gente sin casa, eso es inhumano, entonces a ellos no hay que pedirles, sino a otros.

En El Chad Rozalén visitó un campo de refugiados en la frontera con Sudán del Sur.

¿De dónde le viene a Rozalén su lado más solidario?

Yo vengo de la psicología, además de la rama social, a mi todo esto, o se tiene o no se tiene, tiene que ver con eso y con la educación que he recibido. Mis padres, mis maestros en el cole siempre de pequeña me han dicho que la vida tiene que ser así, se trata de intentar ser feliz haciendo también felices a los demás. Es algo que me parece como la lógica del caminar. Con el paso del tiempo he entendido que no es así para mucha gente, para la gran mayoría sí, pero para unos pocos no. Es un camino también y hay que elegirlo. A mi me sale de manera natural porque creo que es lo que se tiene que hacer, es la responsabilidad de cada uno y no entiendo otra forma de vivir. Pero eso me viene de mi familia y de la educación recibida también.

Más información:

La canción de Rozalén «aves enjauladas» forma parte de un proyecto de Entreculturas y el Servicio Jesuita al Migrante (SJM) con el que también se puede contribuir mediante una donación directa en este enlace.

La crisis sanitaria agudiza la situación de las empleadas de hogar 

2020-03-30T14:34:59+02:00marzo 30th, 2020|

Por Alberto Pla | Fotografías de SEDOAC

Desde que el 30 de marzo de 1988, se celebrase en Bogotá (Colombia) el primer Congreso Latinoamericano de Trabajadoras del Hogar, cada año en la misma fecha se trata de visibilizar uno de los trabajos que ocupan millones de mujeres en el mundo. Un empleo que lejos de convertirse en una oportunidad laboral —principalmente para mujeres migrantes—, supone para muchas de ellas, un régimen en semi esclavitud y con prácticamente ninguna protección social que ha acrecentado la pandemia del virus Covid-19.

Hablamos con Angélica Zuluaga, Coordinadora del área de Mujer de València en el SJM (Servicio Jesuita a Migrantes). Nuestra Agencia tuvo la suerte de contar con ella entre 2016 y 2018 al frente del departamento de producción viajando a lugares como El Salvador, Costa Rica y Nicaragua. Angélica, licenciada en Psicología y experta además en violencia de género, nos cuenta el trabajo con este colectivo que trata de ganarse sus derechos mientras tratan de subsistir y apoyar a sus familias.

Angélica nos atiende al otro lado del teléfono, «Las trabajadoras del hogar tienen muchos frentes abiertos. El primero, probablemente, es la falta de reconocimiento por parte de la administración pública, las internas trabajan muchas veces siete días a la semana durante todo el día y se encuentran sin derecho a paro, ni prestaciones. Si la persona que cuidan muere, se encuentran en la calle con el objetivo de buscar otra familia que, quizá, quiera hacerles un contrato de trabajo para regularizar su situación. Hay personas que atendemos que cobran 400€ y deben sentirse agradecidas por tener una habitación para dormir, y hay otras que cumplen estrictamente lo que manda el Gobierno que tampoco es mucho».

Un grupo de mujeres durante una reunión exigiendo leyes justas. Fotografía: SEDOAC

La crisis sanitaria ha potenciado la acusada falta de derechos que viene denunciando el colectivo, en el que se encuentran entre 550.000 y 600.000 personas trabajando. «Cuando comenzó el estado de alarma muchas mujeres que no tienen los papeles en regla tenían miedo de acudir a su puesto y nos preguntaban qué le dirían a la policía», apunta Angélica. «Decidimos que se quedaran en casa conscientes de que se trataba de un mal menor, por un lado evitábamos un posible arresto pero por otro lado, éramos conscientes que quedarse en casa suponía agravar su ya de por sí precaria situación». Las empleadas del hogar en situación irregular (aproximadamente un 30%) trabajan en la economía sumergida porque no pueden conseguir un contrato o por su situación administrativa necesitan tres años para conseguir una tarjeta de residencia. La regularización es fundamental puesto que es necesario para poder tener salud, seguridad jurídica y poder contribuir a la sociedad. Sin embargo, muchos empleadores prefieren no hacerles contrato ni atender al convenio lo que les deja en una situación de desamparo.

 

El pasado 27 de marzo, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez anunció un subsidio para las personas sin hogar tras la crisis del covid19, esta prestación, que podría ser aprobada en el Consejo de Ministros del martes día 30, se cobraría durante un mes prorrogable y su cuantía sería del 70% de la base de cotización con un máximo de 950 euros, el salario mínimo para 2020. Tras el anuncio, varias asociaciones como MALEN ETXEA – Zumaia Asociación de Trabajadoras y Trabajadores del Hogar de Sevilla Asociación Nosotras por los Cuidados y Empleo de Hogar – Granada, entre otras, reciben la medida como insuficiente y alegan a través de un comunicado que si, «por fin hay una prestación para el resto de trabajadoras, se les exigirá el alta en la SS para poder cobrar, cuando de siempre se sabe que muchas no están dadas de alta, volviéndose ahora contra las trabajadoras la falta de control de la Inspección de Trabajo, una y otra vez reclamada por las organizaciones».

La pandemia del Covid-19 ha potenciado los reclamos y quejas de un colectivo que llevan tiempo pidiendo soluciones. Quizá, después de esta crisis se puedan ponerse sobre la mesa todas las lagunas que sufren cientos de miles de mujeres y comienza a haber voluntad política por cambiar la situación. Mientras tanto, el día como hoy sirve para poner en valor el trabajo sobre la importancia de los cuidados y a las trabajadoras del hogar como piezas fundamentales del cuidado de las personas. Y este año, en concreto, presionar especialmente para que las medidas que se tomen de protección social sobre el coronavirus beneficien a todas las trabajadoras del hogar (no solo las que están de altas en la seguridad social, y que trabajan en la economía sumergida), de carácter retroactivas (desde la fecha del inicio del estado de alarma), y más sostenidas en el tiempo, no solo un mes.

Este 30 de marzo nuestro aplauso será para aquellas profesionales que también junto con otros trabajos esenciales hacen honor al hastag #CuidaAQuienTeCuida y a profesionales como Angélica o asociaciones como el SJM para que sigan anunciando, reivindicando y denunciando una problemática que afecta a un importante número de personas en la sociedad.

 

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