Las vacunas, una grieta más en un mundo quebrado

2021-02-26T18:48:04+01:00febrero 26th, 2021|

Por: Gerard Sánchez

Hoy, 26 de febrero de 2021, se cumple un año desde que los periódicos valencianos anunciaron que Sanidad confirmaba el primer caso de coronavirus en un valenciano. Pronto se cumplirá también un año desde que el gobierno de España anunciaba el inicio de un confinamiento domiciliario por 15 días, que luego fue por 15 más, y por otros 15… hasta llegar a la ansiada desescalada. Luego vinieron los rebrotes, la segunda ola, la tercera… y, entre tantos, miles de muertos, unos 2,5 millones contando los del resto del mundo.

Un año en que nuestras vidas han cambiado radicalmente y en el que hemos tenido mucho tiempo, y necesidad, de reflexionar. De pararnos a pensar. De reaprender. Pero, ¿lo hemos hecho realmente? En este largo, largísimo año, las buenas noticias han llegado con cuentagotas. Tenues luces para la esperanza, como el anuncio de la llegada de las vacunas.

Pero, como era de preveer, y de temer, este anuncio y estas vacunas no han llegado igual para todo el mundo. Primero, cómo no, han estado los países privilegidados. Y, dentro de ellos, incluso ciertas personas que, saltándose todos los protocolos, han considerado que ya les tocaba el turno de inmunizarse. Aunque para ello tuvieran que pisar a otros, pasarles por delante, quitarles su dosis, aquella que podía salvarles la vida.

Todas y todos nos hemos horrorizado con estas actitudes y estas personas. Nos parecía bien cualquier castigo que se les impusiera. Pero, ¿no hemos hecho, en cierto modo, lo mismo? Nos hemos alegrado cuando nuestros ricos y prósperos países se han lanzado a comprar las vacunas y a asegurarse que tenían suficientes para ellos. Pero, como denunció recientemente el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, al Consejo de Seguridad, «diez países han acaparado el 75% de las vacunas Covid-19. Países que, como se pueden imaginar, no son los más necesitados, aquellos donde su población es más vulnerable a los efectos sanitarios, económicos y sociales de una pandemia como esta, sino los países desarrollados que podían pagar estas vacunas.

Doctores y trabajadores de la salud han sido los primeros en recibir la vacuna contra el COVID-19 en India. Foto: UNICEF/Vinay Panjwani

Doctores y trabajadores de la salud han sido los primeros en recibir la vacuna contra el COVID-19 en India. Foto: UNICEF/Vinay Panjwani

Guterres lamentaba que el proceso de vacunación haya sido “tremendamente desigual e injusto”. Y reclamaba que «en este momento crítico, la mayor prueba moral que encara la comunidad global es la equidad en la distribución de vacunas. Debemos asegurarnos de que todo el mundo, en todas partes, pueda vacunarse lo antes posible”, apuntó.

En la misma línea, desde la OMS también han criticado, en varias ocasiones, «el egoísmo de los países ricos y las farmacéuticas frente a las vacunas del Covid-19». Su director, el eritreo Tedros Adhanom Gebreyesus, agrega que el enfoque de “yo primero” no solo deja en riesgo a las personas más pobres y vulnerables del mundo, «sino que también es contraproducente, y, en última instancia, acciones de ese tipo solo prolongarán la pandemia, las restricciones necesarias para contenerla y el sufrimiento humano y económico».

Unas palabras y unas intenciones que, poco a poco, van calando. Más voces se suman a esta reclamación tan justa y necesaria. Por ejemplo, la Coordinadora valenciana de ONG (CV-ONGD) asevera que «nos adherimos a la Iniciativa Ciudadana Europea para que la UE garantice el acceso gratuito de todas las personas a la vacuna y los tratamientos contra la Covid-19». Una campaña que está recabando firmas en toda Europa y en la que se puede colaborar en este link.

Entre las principales peticiones de esta iniciativa está que «la salud es un derecho. En una pandemia, la investigación y las tecnologías deberían compartirse ampliamente, rápido, a través del mundo. Una compañía privada no debería tener el poder de decidir quién tiene acceso a tratamientos o vacunas, ni a qué precio. Las patentes otorgan a una sola compañía el poder y monopolio sobre productos farmacéuticos esenciales. Esto limita su disponibilidad e incrementa su coste para las personas que los necesitan».

Desde la CV-ONG explican que «la campaña recuerda que la Covid-19 se propaga como un incendio, y que las soluciones deben llegar más rápido, porque nadie estará seguro o segura hasta que todo el mundo tenga acceso a tratamientos y vacunas seguros y efectivos. Además, recuerda que todas las personas tenemos derecho a curarnos«.

Esta campaña ya tiene el apoyo de más de un centenar de organizaciones en toda Europa. en España cuenta con el respaldo, entre otras, de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo- España, Farmamundi, medicusmundi Mediterrània y Oxfam intermón. Una propuesta para liberalizar vacunas que se lanzó ya en diciembre de 2020 y que ahora continúa, con más fuerza.

La Generalitat Valenciana apoya la democratización del acceso al tratamiento de la Covid-19 en todo el mundo

Las instituciones públicas también empiezan a sumarse a estas reclamaciones de un reparto más equitativo de las vacunas. En esta línea, la Generalitat Valenciana anunciaba este mismo viernes que el Pleno del Consell aprueba una declaración institucional con la que se suma a la propuesta de Amnistía Internacional de democratizar el acceso al tratamiento de la Covid-19 en todo el mundo y que se imponga la perspectiva de los Derechos Humanos para garantizar el acceso universal a la salud.

Trabajadores sanitarios posan con una dosis de la vacuna contra el COVID-19. Se necesita aumentar la producción y distribución de vacunas en todo el mundo. Foto: UNICEF/Vinay Panjwani

Trabajadores sanitarios posan con una dosis de la vacuna contra el COVID-19. Se necesita aumentar la producción y distribución de vacunas en todo el mundo. Foto: UNICEF/Vinay Panjwani

En este sentido, la declaración institucional recoge el compromiso del Gobierno valenciano de instar al Gobierno de España a apoyar la propuesta de esta exención en la próxima reunión de la Organización Mundial del Comercio que se celebrará los días 10 y 11 de marzo de 2021. Asimismo, el Consell incide en el «sentimiento mayoritario de la sociedad valenciana que durante los largos meses de esta pandemia ha defendido que de esta situación teníamos que salir mejores personas y con una sociedad más cohesionada y justa».

Desde el Conselle reconcen y lamentan que «la actual escasez mundial de vacunas y la falta de agencia pública mundial ha impulsado diferentes acuerdos entre los países ricos y la industria privada farmacéutica para la compra anticipada de miles de millones de dosis de las vacunas para su población, excluyendo a población de los países empobrecidos».

Por todo ello, el Consell se une a la denuncia del director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el egoísmo de unos pocos países (entre ellos España, no hay que olvidarlo) respecto a las vacunas, y como es necesario, aparte de la perspectiva de los Derechos Humanos que hay que salvaguardar, contener y tratar la pandemia en todo el planeta como solución frente a la crisis de salud pública mundial que se está viviendo».

¿Estamos a tiempo de revertir la situación?

Parece que ahora, por fin, empezamos a ser conscientes de que nosotros mismos, nuestros países, nuestros representantes políticos por acción y, la ciudadanía, por omisión, somos culpables de ser los primeros en alargar el brazo para recibir una dosis al tiempo que cerrábamos los ojos o girábamos la cabeza para no ver que tal vez había otras personas, en otros lugares, que la necesitaban más. ¿Hemos actuado según la ley? Seguramente sí. ¿Ha sido una actuación legítima y justa? Creo que no hace falta responder a la pregunta. Pero, tal vez, aún estemos a tiempo de dar un giro a la situación y de, por una vez, cooperar juntos y de verdad para salir, unidos, de la peor pandemia mundial que ha azotado a nuestra generación.

Hace unos días veía un documental en el que se reflexionaba acerca de por qué los seres humanos hemos sido los únicos en la tierra capaces de crear una civilización compleja. Y la respuesta no era darwiniana, no se regía por la ley del más fuerte. Sino que era porque hemos sido capaces de cooperar, de unir esfuerzos, de aunar conocimientos y transmitirlos. De apoyarnos unos en otros. ¿Lo haremos ahora, de verdad, para salir de esta crisis de una manera global y justa?