El olvido: La pandemia más recurrente en África y cómo combatirla

2020-05-25T17:50:03+02:00mayo 25th, 2020|

Por: Gerard Sánchez | Fotografías: Alberto Pla

África, nuestro continente más cercano y, a la vez, el más desconocido. El “sur”, la puerta de atrás para las grandes potencias occidentales, el continente de la pobreza, el hambre, las dictaduras, pero también de los grandes mamíferos salvajes, de las tribus, los desiertos y las sabanas, de la solidaridad y la entereza ante la adversidad. Resulta casi imposible hablar de África sin que nuestra mente se llene de todo tipo de estereotipos positivos y negativos. Pero este vasto territorio es mucho más que todo eso. Hoy, cuando se conmemora el Día de África y también el inicio de la Semana de África, queremos darle voz a algunas de esas personas que llevan años cambiando su propia percepción, y la de muchos otros, sobre este continente y así lo vamos a hacer con este reportaje y con otros que iremos publicando a lo largo de estos días. Mujeres y hombres que centran gran parte de sus esfuerzos y de sus proyectos de vida en transformar todo tipo de realidades, pero también en cambiar el modo en que se piensa, se siente y se visualiza África y sus múltiples realidades cotidianas.

CESÁfrica, un primer aniversario marcado por el Covid-19

Precisamente, para cambiar la imagen que se tiene de África y también de las personas que viven o que llegan desde este continente nació hace ahora una año la Coordinadora de Entidades de Solidaridad con África – CESÁfrica. Su principal meta, como nos indica una de sus integrantes, la escritora y activista de origen guineano, Ángela Nzambi, es “contribuir con la búsqueda de soluciones a las dificultades con las que se encuentran las personas migrantes de origen africano en la Comunidad Valenciana en particular, y en España en general, con el fin de que éstas logren su plena inclusión”.

CESÁfrica tenía previsto celebrar su primer aniversario, el cual iba a servir también como su presentación ante la sociedad valenciana en estas fechas, pero la crisis del Covid-19 lo ha hecho imposible. No obstante, y en el marco de su estrategia de promoción de la interculturalidad, a lo largo de la semana van a ofrecer, a través de su página de Facebook, reseñas de personajes ilustres de origen africano, así como libros, imágenes, películas, músicos-as y cantantes y también reflexiones de las propias personas integrantes de CesÁfrica, muchas de las cuales son también africanas. Como explican desde CESÁfrica: “Entendemos la cultura y el arte como espacios comunes, que favorecen el diálogo, reconocimiento, solidaridad y cooperación”.

Ángela Nzambi explica que una de las prioridades de CESÁfrica en estos momentos, especialmente a raíz del Covid-19, es atender y tratar de solucionar la situación de las personas que viven en diferentes asentamientos chabolistas en la ciudad de Valencia o en sus alrededores. Ella recuerda, además, que desde 2014 se viene conmemorando el Día de África en Valencia con diferentes actos púbicos, los cuales han servido para visualizar a las asociaciones y organizaciones africanas y a aquellas que trabajan en este continente, así como para integrar a la población africana con la valenciana, de una forma conjunta. Este año no podrá ser y por ello han propuesto una serie de actividades online como las que comentábamos anteriormente.

Angela Nzambi, a la derecha, en una reunión de CESÁfrica. Foto: CESÁfrica

CESÁfrica también trabaja en cuestiones de orientación, acompañamiento y derivación de los recursos, así como en ofrecer servicios de traducción y mediación, en promover el asociacionismo, la interculturalidad y el codesarollo y en denunciar las injusticias y violaciones de derechos humanos. Como argumenta Nzambi: “Somos una especie de correa de transmisión entre las personas migrantes africanas, las entidades sociales de todo tipo y también la administración”.

Para ella este tipo de iniciativas, así como las actividades que se suelen dar en el día de África sirven para “Dejar de ser un porcentaje, reconocer que somos un aporte cultural, aparte de nuestros aportes sociales, económicos… lo que no se suele mostrar son nuestros aspectos comunes. Estos son espacios para hacer puestas en común y darnos cuenta de que la cuestión etnica está demasiado exacerbada. Es más lo que nos une que lo que nos separa. La cuestión racial no es más que una convención de unos cuantos que fueron catalongado a la gente porque al sistema la interesan los catálogos, los límites y fronteras, no podemos evitar que somos fruto de ese sistema”.

Una de las reuniones de la Coordinadora de Entidades de Solidaridad con África (CESÁfrica) en Valencia.

Nzambi espera, además, que toda esta crisis nos sirva para “darnos cuenta de nuestra vulnerabilidad. Qué es lo prioritario y hacia dónde dirigir los recursos. Hay que reflexionar aunque no sé si el sistema va a ceder o querer reflexionar. Lo más probable es que quieran seguir con sus dinámicas de siempre”, alerta. “El Covid-19 ha destapado muchas miserias, estaban detrás de muros, murallas… No sé si tendríamos que darle las gracias por destapar muchas miserias y carencias en tantos países”. No obstante, ella avisa también de que “la concepción de la plantación, de la colonia, sigue ahí y se ve en propuestas como la de probar una vacuna contra el virus en África”.

«El Covid-19 ha destapado muchas miserias que estaban detrás de muros, murallas… la concepción de la plantación, de la colonia, sigue ahí». Angela Nzambi, integrante de CESÁfrica.

Nzambi y CESÁfrica son conscientes de que el discurso del odio, del miedo, puede proliferar en estos tiempos, pero también confían en que otras voces, como la plataforma valenciana de ONGD que ya hizo un llamamiento al respecto la semana pasada, los contrarresten. Ella pide una cooperación “que beneficia a ambas partes” para que se de “una solidaridad efectiva”. Por último, preguntada por el hipotético futuro en que fueran los europeos los que solicitaran migrar o solicitar refugio en África, ella quiere pensar que no se repetirían escenas de cierre de fronteras y levantamiento de muros: “Uno de los valores que caracterizan al continente es la solidaridad, los lazos sociales. Es más, si llegara ese momento tal vez sería una forma de demostrar que se pueden cambiar las cosas y que se pueden hacer de otra manera”, sentencia.

MOSSolidaria nos habla de la fuerza y la solidaridad africanas

Una de las personas que más se ha acercado en los últimos años al continente africano es Mari Olcina. Licenciada en nutrición, es la presidenta de la ONGD MOSSolidaria, la cual mantiene abiertos varios proyectos nutricionales en lugares como el Sahara occidental o Etiopía. Ella nos habla de esta solidaridad a la que se refería Nzambi. “A las gentes de África se las dotó de una fuerza y resistencia que ningún otro ser en la tierra posee, pero también de una bondad y sencillez que hace de la población africana el ejemplo de una sociedad evolucionada, hospitalaria y tremendamente solidaria”.
Las personas de otros continentes que llegan a África se sienten tan acogidas y seguras, que les cuesta volver a sus respectivos países, llenos de prisas y desasosiego y cuando lo hacen, se llevan un trozo de África y a sus gentes prendidas en el alma”, una reflexión de Mari Olcina que el equipo de la Agencia Alberto Pla aprendimos, junto a ella, cuando estuvimos en Etiopía, tan solo unos días antes de que se decretara el estado de alarma en España. “De la enorme fuerza que África ejerce a todo el que la visita se han escrito hermosísimos relatos, libros fantásticos y reales, películas y documentales únicos que describen emociones y sentimientos junto a la grandeza inmensa de África y sus gentes y que nos transportan al mundo ideal, en el que a todos y todas nos gustaría vivir”, reflexiona Olcina.

«Esto expresa un deseo, la posibilidad de que en un tiempo no muy lejano la magnífica África despierte y nos muestre su grandeza». Mari Olcina: Presidenta de MOSSolidaria»

Mari Olcina atiende a un niño del programa de los desnutridos en Muketuri, Etiopía. Fotografía: Alberto Pla

Finalmente, agrega que “esto no es más que una redacción, un cuento si queréis, que expresa un deseo y la posibilidad de que en un tiempo no muy lejano la magnifica África despierte y nos muestre su grandeza y magnificencia, sus gentes son fuertes, sencillas y hospitalarias, sus riquezas inmensas y su belleza profunda y emocionante hasta hacernos sentir que el origen de la vida, la razón de la existencia y la esperanza comienzan y termina en África”.

MCSPA y el agradecimiento a la vida en África

Una gran conocedora de África y especialmente de Etiopía y Kenia es Lourdes Larruy. Responsable de la Comunidad Misionera san Pablo Apóstol (MCSPA) en Muketuri (Etiopía), lleva 20 años viviendo en África y 13 en Muketuri. Aún así, asevera que a aquellos que viven en el continente y que proceden de otros lugares “no nos deja de sorprender la naturalidad de la espiritualidad de sus gentes y su gran agradecimiento a la vida. A pesar de que no podemos hablar de África como una sola identidad y cultura, creo que su profunda conexión con la naturaleza y, en muchos casos su arraigo en costumbres ancestrales no “contaminadas” por el materialismo, les caracteriza, para bien y para mal”.

Larruy destaca esa importancia de valorar las pequeñas cosas o más bien las “cosas básicas y esenciales”, de las que tanto se ha hablado con esta pandemia, pero que en África ya estaban ahí: “En constante contacto con el sufrimiento y la dureza de la vida, en constante lucha por sobrevivir, muchos africanos han conservado la capacidad de celebrar los regalos de la naturaleza: la cosecha, la lluvia.. Y, también, los momentos rituales de la vida: bodas, nacimientos, funerales…”.

Lourdes Larruy abraza a Genet, la protagonista del documental que rodamos en Etiopía para la Misión San Pablo Aposto. Fotografía: Alberto Pla

En el campo hombres y mujeres viven a merced de sus animales y cosechas, manteniendo vivas sus creencias en la protección que les ofrecen sus antepasados y también una especie de conexión con todo el género humano que les hace ser agradecidos con la vida, traiga lo que traiga consigo”, argumenta.

«Precisamente ellos, se preocupan por nosotros, ellos, que su sufrimiento permanente llega a niveles angustiantes. Pero a pesar de su situación de precariedad les duele el sufrimiento de gente lejana”. Lourdes Larruy: Responsable de MCSPA en Muketuri.

Sobre cómo están viviendo esta pandemia y este Día de África, Larruy confiesa que “en estos últimos días a todo poblado que vamos la gente se alegra de que estemos bien y nos dicen cuánto han rezado por nuestras familias y conocidos, ya que han oído cuánto está afectando la pandemia en nuestros países. Precisamente ellos, se preocupan por nosotros, ellos, que su sufrimiento permanente llega a niveles angustiantes. Pero a pesar de su situación de precariedad les duele el sufrimiento de gente lejana”.

Ella explica que “en esta época del año es cuando excavamos pozos y las familias que ahora tendrán agua cerca de su casa nos quieren agradecer con sus mejores manjares y celebramos, juntos, que, aunque continuarán cargando bidones de agua a la espalda, será unos pocos metros, no los interminables kilómetros de antes.. Sus muestras de agradecimiento a Dios siempre me impactan”. Y concluye: “Para la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol, en palabras de nuestro fundador el Padre Paco Andreo, ‘África es la niña de nuestros ojos’, y estamos agradecidos de la acogida de los africanos, y de poder, junto a ellos luchar por un mundo más justo”.

Volunteermap. El voluntariado que cambia vidas

Cada vez son más las personas que deciden llevar a cabo todo tipo de voluntariado en África y en otros lugares del mundo. En esta línea nació Volunteermap, una organización que fue fundada por la valenciana Carol Di Girolamo, la cual también es su presidenta. Ella nos relata que “África es el continente que aún vive bajo la colonización, en pleno siglo XXI siguen siendo objeto del abastecimiento de los ejes que mueven al sistema capitalista y es la cara más visible de la injusticia social en el mundo”. Ella matiza que “resumir a África en esta frase sería ignorar a lo que de verdad predomina en ella, porque en las experiencias que hemos tenido la gran suerte de vivir, hemos podido ver y saber qué es humanidad, gratitud, esencia,vida, alegría, amor”. Para Di Girolamo “África es esa mano que se extiende ante la tuya cuando llegas y te dice `eres bienvenido’, es esa cena que se comparte aunque no alcance para todos, es la sonrisa que ilumina todo, a pesar de todo”.

Desde Volunteermap quieren huir del “asistencialismo”, por ello Di Girolamo explica que “el trabajo consiste en generar un impacto real en los viajes de voluntariado, en trabajar conjuntamente para mejorar no sólo la realidad allí, sino también aquí en Europa donde hace falta tanta conciencia y donde con nuestros actos también están impactando en los países del sur”. Ella explica que es “muy importante” “abrirse a entender la vida desde otra óptica y verla bajo sus “Gafas”, sin intentar imponer nuestra visión, compartir conocimiento y fluir en el camino”.

«Debemos abrirnos a entender la vida desde otra óptica y verla bajo sus gafas, sin intentar imponer nuestra visión, compartir conocimiento y fluir en el camino”. Carol Di Girolamo: Presidenta y fundadora de Volunteermap

La presidenta de Volunteermap, Carol Di Girolamo en África. Fotografía: Volunteermap

Durante esta pandemia, en algunos lugares se han visto afectados, y lo podemos saber sobre todo por nuestros contactos locales en Uganda, Ghana y Senegal que son nuestra fuente de información más directa, en la paralización de su economía y es que en un lugar donde se vive al día, donde el mañana es un concepto que por lo general no existe en el pensamiento colectivo, porque no hay tiempo para eso. Cuando tu tiempo y energía deben invertirse en la supervivencia diaria, la perspectiva de la vida es otra. Malaria, Ébola, Sida, Cólera, son nombres de muchas de sus pandemias y esto no es nuevo para ellos, allí no pueden quedarse en casa, no tienen neveras ni ayudas, nadie les va a llevar una compra para pasar la semana”, argumenta.

Volunteermap lleva a cabo proyectos de voluntariado en varios países africanos.

Di Girolamo también destaca la solidaridad mutua y la cooperación bilateral: “Allí se ayudan entre sí porque saben que sin comunidad no hay supervivencia y es justamente este el mensaje que nace de la más cruda realidad en todo el mundo, sobreviven las especies que cooperan y no las que luchan entre sí”.

Por todo esto –concluye– queremos finalizar diciendo que cooperar es algo bilateral y sanador que impacta en África e impacta aquí, y nos ha enseñado que la humildad y la predisposición de aprender es lo que mantiene vivo el espíritu de Volunteermap”.

ONE DAY YES. Una ONG pequeña pero con una familia muy grande

Otra valenciana, la periodista Ana Mansergas es la fundadora, junto a la también periodista valenciana Begoña Machancoses, de la asociación ONE DAY YES, que nació “con el objetivo de garantizar la educación y alimentación de los niños y niñas que componen la escuela Twashukuru, en la isla de Lamu (Kenia)  para que se consolide, se haga autosuficiente y genere empleo local en la comunidad. Mansergas nos cuenta que “en la isla de Lamu, por suerte, el COVID está bastante controlado , de momento y por suerte no hay detectado ningún caso”. Aún así, explica que “Lamu vive un confinamiento parcial ya que los restaurantes y espacios públicos han cerrado o se han adaptado a la nueva situación. Además, este confinamiento se ha juntado con Ramadán, y es que durante el mes de Ramadán  Lamu  se transforma puesto que la mayor parte de su población es musulmana”.

Algunos alimentos repartidos por One Day Yes en la isla de Lamu (Kenia) durante la pandemia del Covid-19.

Este año, además, se une la ausencia de turistas que son una fuente de ingresos importante para la isla y una realidad difícil de encajar para muchas familias. La pobreza y la falta de acceso a los alimentos es una realidad más dura que nunca y que va creciendo porque hay muchas familias que se han quedado sin trabajo. La isla está paralizada”, lamenta.
Mansergas indica que “desde nuestra organización One Day Yes hemos intentado adaptarnos a la nueva realidad y, aunque por medidas de seguridad estatales la escuela Twashukuru se ha visto obligada a cerrar sus puertas, desde España hemos seguido garantizando la nutrición a los niños y niñas y sus familias”.

Por ello, agrega, “cada martes hemos realizado el reparto de lotes de comida para garantizar la seguridad alimentaria que proveemos a cada uno de los niños y niñas de Twashkuru con las aportaciones de los socios y socias y con la financiación del Ajuntament de València. Además de la nutrición hemos repartido desinfectantes, jabones y mascarillas confeccionadas por una artesana y costurera local, Mama Elizabeth, para apoyar la economía local que tanto se empieza a resentir”.

«El Covid-19 nos puede infectar a todas y todos por igual, pero no nos afecta a todas y todos por igual. Hoy más que nunca los países y personas en situación de extrema pobreza necesitan no ser abandonados ni olvidados». Ana Mansergas: Fundadora de One Day Yes

Mansergas espera “seguir en esta línea, manteniendo los puestos de trabajo del personal local con los que mantenemos a unas 15 familias  y a las familias de los 50 niños y niñas que vienen cada día a nuestro proyecto. Además de seguir con el proyecto de comedor social. Ahora, más que nunca, necesitamos la ayuda y el apoyo de nuestros socios y socias y de quienes se quieran unir y apostar y apoyar por proyectos familiares y locales. … porque no olvidemos que el COVID nos puede infectar a todas y todos por igual, pero no nos afecta a todas y todos por igual. Hoy más que nunca los países y personas en situación de extrema pobreza necesitan no ser abandonados ni olvidados y que organizaciones como la nuestra siga desarrollando el trabajo que hacemos en terreno desde hace cinco años”.

Una de las receptoras de los lotes de comida de ONE DAY YES en Lamu, junto a su hijo.

“El confinamiento en Etiopía es totalmente imposible. La inmensa mayoría de la población vive al día”

2020-04-24T11:16:23+02:00abril 24th, 2020|

Por Gerard Sánchez | Fotografías de Alberto Pla

La pandemia mundial ocasionada por el Covid-19 está cambiando los modos de vida en todas las partes del mundo. Una de las primeras medidas lanzadas desde diferentes gobiernos, sobre todo los occidentales, fue recomendar que sus ciudadanos que vivían en otros lugares regresaran cuanto antes. No obstante, existen personas que no solo han decidido permanecer donde estaban, sino que lo han hecho porque son conscientes de que su labor, vinculada a proyectos de cooperación internacional resulta fundamental y lo será todavía más a corto y medio plazo. El equipo de la Agencia Alberto Pla-Proyectos de Comunicación Social queremos mostrarles todo nuestro apoyo y admiración. En este sentido, vamos a llevar a cabo una serie de entrevistas con cooperantes españoles que han decidido continuar en sus países de destino.

Arrancamos estas entrevistas con Lourdes Larruy, responsable de la Comunidad Misionera san Pablo Apóstol (MCSPA) en Muketuri (Etiopía). Precisamente, dos días antes de que se declarara el estado de alarma en España, tres integrantes de nuestra agencia regresamos de Muketuri donde fuimos a grabar nuestro próximo documental. Allí fuimos testigos de cómo la MCSPA, junto a la Fundación Emalaikat y otras entidades colaboradoras como la ONG MOSSolidaria, trabajan cada día para contribuir a la formación de niños y niñas, para garantizar su alimentación, así como para llevar agua, mediante la construcción de pozos, a lugares muy remotos, entre muchas otras acciones e iniciativas. Lourdes Larruy nos relata cómo ha cambiado la pandemia todas estas acciones y nos muestra su preocupación sobre cómo podrán mantenerlas si esta se prolonga.

Lourdes Larruy abraza a Genet, la protagonista del documental que rodamos en Etiopía para la Misión San Pablo Apóstol. Fotografía: Alberto Pla

Lleva 20 años viviendo en África y 13 en Muketuri (Etiopía), ¿pensó en algún momento en regresar a España por el Covid-19?

No pensé en regresar a España en ningún momento, este es mi lugar. De hecho, tenía previsto viajar a España justo en marzo para dar charlas en algunas universidades, ver a benefactores y a la familia, pero decidí no ir ya que después seguramente no podría volver.

¿Qué le dicen su familia y amigos en España?

Mi familia, aunque les encanta que vaya enseguida, me dijeron justamente eso: “No vengas porque después no podrás volver”. Muchos en España se muestran preocupados por la gente en África, sobre todos los que han estado aquí. Nos han dicho que si este virus está siendo devastador en nuestras sociedades, las cuales cuentan con buenos sistemas sanitarios, ¿qué va a pasar en África? Muchos nos han insistido en que nos cuidemos… otros nos preguntan cómo estamos y qué situación vivimos. Muchos voluntarios que han estado aquí quieren saber cómo está la situación… De manera que montamos un grupo de Whatsapp con ellos para rezar un padrenuestro a la misma hora por la gente de Etiopía todos los días: creo que ha sido consolador para nosotras y fortalecedor para todos.

Etiopía saltó a la actualidad cuando la aerolínea nacional, una de las más importantes de África, decidió mantener los vuelos con China. Pese a ello, no ha habido, de momento, un boom de contagios. Se habla de que los motivos pueden ser la juventud de la población y que se tomaron medidas de prevención pronto. ¿Está de acuerdo?

Desde luego, la edad media de la población etíope va a ayudar, aquí casi no hay, prácticamente, nadie que pase de los 65 años. Por otro lado, pareciera que la población que está permanentemente desnutrida podría ser víctima fácil, pero también creo que son supervivientes, han desarrollado una fortaleza extraordinaria porque luchan a diario por sobrevivir. Las medidas de cerrar escuelas y universidades y cerrar fronteras terrestres y transportes públicos creo que ha ayudado a que no se extienda por el país o, al menos, que no lo haga rápido. También el control de las personas que llegan de fuera, están en cuarentena en lugares aislados, incluso algunos que se sabía que llegaron de otros países los vienen a buscar en ambulancias… Lo de los mercado es más complicado: en Muketuri, como en muchos lugares, han trasladado el mercado a lugar más grande, en nuestro caso, a la cancha de futbol, para que las paradas en el suelo puedan estar más separadas… pero es imposible guardar distancia.

Deribe reparte una ración a los niños y niñas de la comunidad de Gimbichu. Fotografía: Alberto Pla

“En Etiopía se es mucho más consciente de la vulnerabilidad del ser humano ante las fuerzas de la naturaleza”

¿Cree posible que el virus, como se dice desde algún lugares, podría haber pasado sin mayor trascendencia ya por varios países africanos, entre ellos Etiopía? ¿O tal vez no ha llegado aún con fuerza o los datos que se dan no son los correctos?

Todo puede ser, lo que está claro es que los números de infectados aumentan, aunque lentamente, también porque no se realizan tantos tests… y es muy probable que mucha gente no quiera ir al hospital, es difícil de saber. Lo que si que creo que está ayudando es el hiper control que este país tiene sobre la información de quien llega de fuera y rastrear los contactos que hayan podido tener. Es de resaltar la religiosidad de este país: el gobierno pidió oficialmente a los lideres religiosos, de todas las religiones, que llamaran a la oración en esta situación de pandemia, reconociendo su frágil sistema sanitario para atender a la población. Todos los días a las 21h en la TV nacional uno de diferentes grupos religiosos reza por ello. Se ha declarado un mes de oración y ayuno. Es impresionante cómo le gente sencilla confía en que la fe de los etíopes va ayudar; lo que está claro es que aquí se es mucho más consciente de la vulnerabilidad del ser humano ante las fuerzas de la naturaleza.

¿Son factibles las medidas de confinamiento y aislamiento en un país como Etiopía en el que muchas personas viven al día y comparten casas que, en muchos casos, solo tienen una estancia o un par de ellas?

El confinamiento aquí es totalmente imposible. La inmensa mayoría de la población vive al día. Es una economía muy precaria, muchos viven de ser jornaleros, o bien de la construcción, o hacer trabajos de lavar ropa o cocinar en el caso de las mujeres, sin ningún tipo de contrato; si hay trabajo se come, si no, las cosas se ponen difíciles.

Por otra parte, las casas son pequeñas, oscuras, no se puede estar encerrado por el día. Nadie tiene almacenado nada de comer, lo que ganan cada día no les da para eso. En este sentido, los que viven del campo lo tiene un poco mejor, porque tienen, al menos, su cosecha. Ha sido impresionante la iniciativa de gente campesina que ha ayudado con parte de su cosecha para que el gobierno pueda distribuir comida en los pueblos más grandes y en las ciudades.

Unas mujeres secan ropa al sol en el altiplano etíope. Fotografía: Alberto Pla

¿Cómo ha cambiado vuestro día a día debido a esta pandemia?

Pues llevamos más de un mes sin movernos de Muketuri. Antes íbamos cada semana a misa a la capital y hacer compras o a llevar gente al hospital. No queremos ir sobre todo para evitar la posibilidad, por pequeña que sea, de traer el virus aquí. Mientras tanto, Nuestro Centro Materno infantil está cerrado y los comedores también. Los niños que tenemos becados en escuelas internas están aquí en Muketuri y organizamos cosas con ellos para que no pierdan su curso escolar. No podemos hacer reuniones de más de cuatro personas en la misma habitación. Pero continuamos visitando a familias y excavando pozos.

En Muketuri cuentan con un comedor escolar infantil con unos 350 niños, ¿qué supone para ellos y para sus familias no ir ahora al colegio?

Pues ese es un problema, porque nuestro centro Materno Infantil, con 346 niños y niñas, es un centro educativo, pero lo más importante es que los menores reciben dos comidas todos los días de lunes a viernes. Por eso hemos organizado, desde hace dos semana, la distribución de comidas a las familias más pobres de los niños registrados en el Centro, porque si no, sencillamente, no comen. Y después el problema será mayor si están desnutridos y enfermos.

¿Qué están haciendo durante estos días para aliviar el sufrimiento de estas familias?

Cada martes distribuimos a 42 familias alimentos: 4 kg de harina o cereal, 10 huevos, jabón y verduras. Y cada sábado atendemos a los niños del programa de desnutridos con harina proteica y leche. Todo esto con las precauciones marcadas por el gobierno: la gente se espera fuera con un distancia de 2 metros entre ellos, los vamos llamando de uno en uno, se lavan las manos antes de entrar… También estamos confeccionando mascarillas en el taller de costura, para las maestras y para el personal voluntario etíope que nos ayudan en la distribución.

¿Cuáles son las principales necesidades ahora mismo para mantener este tipo de ayudas?

Necesitamos fondos para comprar comida, hasta ahora hemos ido tirando de la comida que teníamos para el centro, pero ya tenemos que comprar. El valor de los que damos a cada familia cada martes es de unos 6 euros, todas las semanas a 43 familias… De momento, la ayuda la centramos en estas familias.. si esta situación se alarga más aumentará el número de gente que no tiene nada que comer.. y no sé si podremos responder a todas; El gobierno también ha organizado una lista de gente que necesita ayuda y nos coordinamos para la distribución. Les pasamos la lista cada semana de la personas a quien les estamos dando comida.

Es un poco agobiante no saber qué va a pasar.. hay jóvenes que han vuelto de la universidad, donde comían, y no tienen donde trabajar, o jóvenes que vivían de bici taxi o de limpiar zapatos en la calle… estamos pensando en organizar un programa de comida por trabajo, o sea, gente que hagan trabajo comunitarios como limpiar el pueblo a cambio de comida, pero de momento no tenemos fondos para eso, vamos a ver si lo podemos hacer junto con el gobierno local.

Una niña ayuda a dar de comer a su hermano en el comedor que mantiene la Misión San Pablo Apóstol en Gimbichu, Eitopía. Fotografía: Alberto Pla

Llevan a cabo un programa con niños desnutridos. ¿En qué consiste? Si esto se alarga, ¿lo podrán mantener?

Atendemos a unos 250 niños que, por distintas razones, están por debajo de su peso normal, algunos porque son gemelos y la madre no tiene suficiente leche para dos bebés; reciben harina proteica y leche hasta que su peso es normal para su edad. Más o menos la mitad vienen de los pueblos de alrededor de Muketuri y la otra mitad viven en Muketuri. Los que están viniendo ahora son mayormente de Muketuri; los de los pueblos vienen menos, la gente se mueve poco, por las indicaciones que el gobierno está dando por radio. Este programa está diseñado para aportar un suplemento alimenticio a los bebés, pero ahora muchas de estas familias, en muchos casos mujeres solas, no tienen cómo mantener al resto de la familia, esto es un gran problema, que no se podrá mantener pacíficamente mucho tiempo.

«Hay que sensibilizar en que la falta de justicia en tantos lugares nos hace a todos más vulnerables»

Teme que Europa, una vez pase esta crisis, se centre, más que nunca, en sí misma, y se olvide de la cooperación al desarrollo y del sufrimiento en otros países?

Obviamente, estamos ya pensando en que a partir de ahora las ayudas bajarán, sobre todo las convocatorias, grandes ayudas… pero nuestra experiencia está siendo que mucha gente está reaccionando de manera solidaria, pensando en África, queriendo colaborar, quizás más modestamente, pero no olvidarse. Sobre todo, nuestros colaboradores permanentes, muchos han estado aquí y se sienten vinculados.

También creo que a gran escala tendrá que haber una reflexión sobre la interacción de todos los países del mundo: creo que este virus ha puesto el dedo en la llaga en el sentido de que no podemos vivir unos sin los otros, o sea, pretendiendo vivir bien cuando hay lugares dónde no existen sistemas sanitarios, porque esto nos va a afectar a todos. Creo que al menos en el tema salud habrá más corresponsabilidad… aunque sea por protección propia.

¿Qué habría que hacer para que esto no ocurriera?

Profundizar en eso, en cómo nos afecta a todos lo que se vive en el otro lado del mundo. Sensibilizar en que la falta de justicia en tantos lugares nos hace a todos más vulnerables. Creo que es una buena ocasión para profundizar en la gratuidad de lo que tenemos; no podemos controlarlo todo, por mucho dinero que uno tenga. no puede controlar algo como esta pandemia.

Mari Olcina, directora de la ONGD MOSSolidaria pesa a un bebé en la comunidad de Gimbichu, Etiopía. Fotografía: Alberto Pla.

En un hipotético escenario en que los europeos buscaran refugio en un continente como África, ¿cómo cree que sería la acogida?

Al principio hubieron en la capital brotes de odio a los extranjeros, pero, en general, la gente de los pueblos, los que nos conocen han reaccionando preocupándose por nosotros, por nuestras familias, por los voluntarios que han estado aquí.. Hemos recibido muchas muestras de agradecimiento por habernos quedado; una mujer nos dijo: “Hemos comentado en mi poblado que pudiendo iros a vuestro país con vuestra familia, os quedáis aquí con nosotros, os lo agradecemos mucho.” Con el vocabulario etíope muchos nos dicen “que Dios os dé larga vida”.

NOTA: Si colabora o pertenece a alguna ONGD y desea que entrevistemos a alguna persona española que continúa como cooperante en algún país del mundo, póngase en contacto con nosotros:

apla@albertopla.com

gsanchez@albertopla.com

La pandemia de los nadie

2020-03-24T21:40:16+01:00marzo 24th, 2020|

Texto y fotografías: Alberto Pla

Con la desolación de ver avanzar el coronavirus entre los nuestros, implacable en su objetivo de colapsar nuestro sistema hasta dejarnos sin aliento me acuerdo de aquellos que intentan salir a flote entre millones de frentes adversos.

Una niña del poblado de Gimbichu: Fotografía Alberto Pla

No nos sucede nada, —permítanme la comparación— que lo que le sucede a millones de personas diariamente en otros puntos del globo: la inmensa fragilidad del ser humano, la impotencia desde nuestros hogares, la aceptación, o no, del destino de aquellos que la muerte tiene la crueldad de llevar, la ansiedad ante lo desconocido, la soledad de aquellos —mayores y en residencias generalmente— que ya no sirven y quedan a merced de la Parca, la angustia de quienes sin recursos tratan de saber qué pasará mañana, el redescubrimiento de las verdaderas prioridades, el oxígeno entrar en nuestros pulmones día a día y pensar en voz alta: por ahora no me ha tocado a mí.

Una joven del poblado de Gimbichu: Fotografía Alberto Pla

El planeta, por momentos, deja de ser Europa para abrirse paso a través de nuestro ombligo y el sufrimiento de los nadie parece ser un poco más nuestro, después de todo. No cabe duda que esta pandemia aumentará el pensamiento colectivo ante un mundo que —lejos de terminar en el horizonte— lo sentirá más cercano. Y aquellos que se levantan si pensar si quiera que pasará mañana estará menos lejanos.

Una señora del poblado de Gimbichu: Fotografía Alberto Pla

Probablemente los protagonistas de estas imágenes del poblado de Gimbichu, en Etiopía, viven todavía ajenos al problema del coronavirus. Todavía hay personas, —piénselo— que tienen cosas más importante de qué preocuparse, como la niña que ejerce de madre con 9 años soportando a su hermana sobre sus hombros. «¿Y que culpa tengo yo?», puede pensar. Usted ninguna, —al menos directamente—, pero es en la adversidad de manera indiscutible donde se generan los mayores gestos de humanidad y aumenta el grado de empatía.

Una niña del poblado de Gimbichu: Fotografía Alberto Pla

Si la humanidad aprovecha esta crisis para hacer del dolor empatía y del sufrimiento resiliencia, encontraremos un mundo más humano y conectado con quienes seguirán golpeados con virus con nombre de hambrunas, sequías o plagas. Pero sobre todo, si al término de esta pandemia, miramos a los ojos de aquellos que jamás tuvieron una oportunidad y les tendemos una mano el mundo sin lugar a dudas saldrá fortalecido.

Una niña del poblado de Gimbichu: Fotografía Alberto Pla

 

 

De la sonrisa etíope al confinamiento en España

2020-03-17T12:31:20+01:00marzo 17th, 2020|

Por: G. Sánchez

Etiopía nos despidió, como no podía ser de otra forma, con su mejor sonrisa etíope, con abrazos, con los mejores deseos y con invitaciones para regresar cuando podamos. En este país africano, al que viajamos para elaborar un documental para la Comunidad Misionera San Pablo Apóstol, la Fundación Emalaikat y la ONGD MOSSolidaria, conocimos todo tipo de historias, algunas desgarradoras, otras de esperanza y superación y muchas de resignación y lucha diaria por algo tan básico como es la supervivencia pura y dura. Allí la pobreza, el no saber qué se comerá cada día o ni siquiera si se comerá algo se vive con dureza, claro que sí, pero también con dignidad, con ayuda mutua, con sentimiento de comunidad. El hambre y la malnutrición son como una bruma constante que afecta a demasiadas personas, muchas de ellas niñas y niños, el 40 % de los cuales no logra superar los cinco años de vida. En Etiopía hemos visto muchos de esos niños y niñas con el pelo rapado, en muchas ocasiones para evitar piojos y otros parásitos, pero con un mechón de pelo en la parte delantera de la cabeza: “les dejan ese pelo para que los ángeles puedan llevárselos tirando de él si se mueren, algo que, por desgracia, es bastante habitual a esas edades”, nos cuentan.

Unas niñas juegan en el patio del colegio que mantiene la Misión San Pablo Apóstol en Muketuri. Fotografía: Alberto Pla

De vuelta en España, nos encontramos con imágenes dantescas como personas acumulando kilos de natillas, carnes, todo tipo de productos perecederos y papel del baño –al parecer, el nuevo oro blanco de estos tiempos de Covid-19- personas que, a la mínima señal de alerta pierden los nervios y piensan solamente en sí mismos (incluso se ha denunciado en redes sociales que se llevaban hasta los productos sin gluten, esenciales para las personas celiacas). Ante la declaración de alerta del Gobierno de España gran parte de la población mantiene la responsabilidad y se queda en casa, pero también ha habido quien ha aprovechado para pegarse “la última fiesta” antes de que cerraran bares y restaurantes y se prohibiera la libre circulación por las calles. Es cierto que no tenemos experiencia en afrontar crisis de estas magnitudes. Tal vez en eso también podríamos mirar a África y a países como Etiopía. En este último, donde solo llueve durante unos tres meses al año, las hambrunas son bastante habituales, así como plagas como las de langostas que arrasan cosechas esenciales para la manutención de la población. Por no hablar de enfermedades o brotes víricos como el del Ébola, mucho más mortal que este coronavirus o Covid-19. Allí están acostumbrados a padecer todo tipo de situaciones de alerta para su salud y, lo que es igual o más desesperante, a sufrir también el silencio y la pasividad del resto del mundo, especialmente de occidente.

Dos niñas trabajan en el puesto que mantienen el mercado de Muketuri. Fotografía: Alberto Pla

En Etiopía, en su capital Adish-Abeba, en Muketuri o en poblados como Gimbixu hemos encontrado a personas con todo necesidades de todo tipo y también con una en común; la de contar su historia, la de hacerse ver, la de buscar ayuda a través de todos los medios posibles. Tal vez por eso muchos de los niños y adultos con los que nos encontramos nos piden que les hagamos una foto, para trascender, para que les miremos a sus ojos, llenos de vida pese a todo, para que sus ropas, en muchas ocasiones raídas, para que sus situaciones de vida, queden inmortalizadas, traspasen fronteras y, tal vez, remuevan conciencias en este lado del mundo. Pero aquí ahora tenemos la excusa perfecta para, una vez más, mirar solo hacia nuestro ombligo, pensar que esto del Covid-19 y su consecuente encierro domiciliario es lo más duro que nos ha pasado nunca y sentirnos, una vez más, el centro del mundo. El eurocentrismo, lejos de haber desaparecido, sigue muy presente en nuestras vidas y sus efectos se siguen notando en el resto del mundo. Pero tal vez estos quince días, o más, de confinamiento, nos sirvan para mirar al otro de una manera diferente. Si sirven para que estrechemos nuestras relaciones sociales, si nos hacen mirar hacia otras realidades de una forma más solidaria, si contribuyen a que veamos a los que vienen de crisis económicas, sanitarias, de conflictos armados, de un modo más humano y comprensivo, tal vez habrá valido la pena.

Del Covid-19 saldremos juntos, se suele decir, pero estaría bien que también tras él permanezcamos juntos, unidos, solidarios y responsables, no solo entre nuestros familiares y amigos, no solo entre nuestra comunidad y nuestro país, sino de una forma global.

La sonrisa etíope

2020-03-08T18:27:34+01:00marzo 7th, 2020|

Etiopía nos recibe con una sonrisa, pero, lejos de tópicos, aquí cada sonrisa tiene un trasfondo. Detrás de la de Genet, la protagonista del documental que estamos elaborando con MOSSolidaria para la Comunidad Misionera San Pablo Apóstol, hay una historia de lucha constante, detrás de una de las niñas del aula de especiales de la comunidad misionera San Pablo Apóstol, está la más pura inocencia y detrás de la de Enat, una de las profesoras de esa aula de especiales, hay una historia de abandono y superación.

Por: Gerard Sánchez

Dicen que los niños africanos siempre sonríen, tal vez solo sea su sistema inmunológico que lucha así, desde el subconsciente, por salir adelante ante la adversidad, que no es poca aquí. Pero la sonrisa etíope va más allá, está en esa abuela que nos abre la puerta de su casa y sonríe a la cámara con toda su dignidad. Está en esa marea de personas que nos rodea en la grabación de cada escena de exteriores. Y está, cómo no, en los niños que ríen, corren y saludan al cielo desde el que los graba nuestro dron.

Unos niños juegan con unas ruedas en la comunidad de la Misión San Pablo Apóstol. Fotografía: Alberto Pla

Somos unos recién llegados a Etiopía, es cierto, pero nos nutrimos de la experiencia de personas como Lourdes Larruy quien, al frente de la comunidad misionera, lleva aquí más de diez años y llama a casi todo el mundo por su nombre. La sonrisa etíope también es la suya cuando se acerca a los niños, cuando habla con las profesoras e incluso cuando conduce su todorerreno esquivando baches, burros y vacas.

La sonrisa etíope no es un cliché, no es un tópico porque no es homogénea. Responde a múltiples impulsos, esconde realidades desgarradoras y se alza por encima de la adversidad. Es una medicina y a la vez una cura en sí misma.

Unas niñas juegan en un prado en el municipio de Muketuri. Fotografía: Alberto Pla

La sonrisa etíope está también en la predisposición de Iván Luna, el director del hotel Best Western International en el que Genet llevó a cabo sus prácticas profesionales de Turismo cumpliendo así el sueño de una niña que como ella misma nos relata, cuando era pequeña no tenía sueños porque lo único que alcanzaba a ver en su horizonte era reproducir el mismo estilo de vida que tuvieron las generaciones que la precedieron. Y está también en personas que están de paso, como el guitarrista Gabriel Pérez y la bailaora Anabel Velasco que, sin pensárselo, se ofrecen a aparecer de extras en nuestra película documental. Y está en la alegría de Tesfayesh y Yohanish que nos recogen en el aeropuerto, de madrugada, y nos llevan a nuestro hotel.

Grabar en Etiopía es adaptarse a las circunstancias, al igual que la población se adapta cada día a la realidad que les ha tocado vivir. Es aceptar que lo que tenías previsto captar en cierto momento tal vez no puede ser, pero, como compensación, en cada rincón, en cada rostro, en cada mirada aparece una historia digna de ser contada.

Una madre en la comunidad de Gimbichu arropa a su hijo en brazos. Fotografía: Alberto Pla

Y ahí, en Gimbichu, un poblado tradicional con casas confeccionadas a base de barro y eucalipto, te das cuenta, de repente, que toda la comunidad ha contribuido para invitarnos a compartir con ellos una comida tradicional a base de cerveza artesana e injera, un pan plano confeccionado con harina fermentada de tef que se acompaña de humus, lentejas, remolacha y patatas. Una comunidad donde Deribe, otra de nuestras protagonistas, es la auténtica lideresa. Su sonrisa también es la de todas esas mujeres etíopes fuertes y resilientes que salen adelante y se convierten en referente y ejemplo para muchas otras.

Una mujer de la comunidad de Gimbichu sonríe mientras abriga a su hija sujeta sobre su espalda. Fotografía: Alberto Pla

La sonrisa etíope te contagia, te atrapa y te engancha, tal vez por ello personas como Mari Olcina y su marido Víctor Pareja regresan una y otra vez aquí con su ONG MOSSolidaria para recibir su dosis. Porque cooperar, en el fondo, va tanto de dar como de recibir, de hecho va más de lo segundo.

MICRO | PAPA BALLA

2020-01-14T12:32:18+01:00julio 3rd, 2019|

Vicepresidente del Consejo Local de Migración e Interculturalidad

“Debemos de luchar desde el exterior para mejorar el continente africano”

El secretario general de SOS Racismo del País València indica que “hay que usar las competencias de los migrantes para contribuir al desarrollo de la población de acogida”

> Una entrevista de Gerard Sánchez

Papa Balla en un momento de la entrevista | © Foto Agencia Alberto Pla

Nacido en Senegal, Papa Balla lleva ya más de 10 años en España. Abogado de profesión y formado también en Bellas Artes, cuenta con el Máster en Migración Internacional de la Universitat de València. Actualmente es el vicepresidente del Consejo Local de Migración e Interculturalidad de la ciudad de Valencia. Además, es el presidente de la federación Unión Africana España, secretario general de SOS Racismo del Pais Valencià y coordinador de varios movimientos sociales. Lleva muchos años defendiendo los derechos de los migrantes y de la población africana en España y en Europa y tiene claro que hay que actuar en lo local, pero teniendo muy presente siempre lo global: “Siempre que pensamos en lo local tenemos que pensar en lo global. Tenemos que pensar la justicia social desde lo global. África no está lejos, el cambio climático, por ejemplo, afecta a África y a occidente también. Debemos unificar todas las luchas para mejorar y combatir las desigualdades porque es uno de los principales problemas de nuestros tiempos. Debemos avanzar hacia la convivencia, la cohesión social y la paz”, asevera.

Papa Balla en un momento de la entrevista | © Foto Agencia Alberto Pla

Celebración del Día de África en Valencia

El pasado 25 de mayo era el Día de África, que en Valencia se celebró bajo el lema de “mujer africana y sociedad civil”. Papa Balla, desde el grupo de trabajo de promoción de la diversidad, del consejo local de Migración, promovió diferentes actividades antes y durante esta jornada tan especial. Entre ellas se encontraban las charlas y talleres en el colegio Claret-Fuensanta para niños entre 12 y 16 años con el objetivo de “llevarles la cara real de África”. Balla recuerda como los estudiantes les decían que para ellos África era “ese país de los niños pobres, donde no tienen comida y hay hambre”. Precisamente, el objetivo era “dar una visión más positivas de lo que es realmente África. Mostrarles que allí también tenemos escritores, periodistas, científicos y mucho más, como aquí”. Que hay otra realidad que no se está contando”, explica Balla. Él añade que “África también tiene sus competencias. Y queremos demostrar que entre los migrantes también hay competencias y que es importante usarlas para contribuir al desarrollo de la población de acogida”.

Papa Balla en un momento de la entrevista | © Foto Agencia Alberto Pla

Sobre el lema de este año del Día de África: “mujer africana y sociedad civil”, Balla explica que es “no solo para empoderarlas, sino para visibilizar este empoderamiento”. Y añadía que “es importante potenciar la sociedad civil porque pensamos que en África como en muchos países de Europa, falta todavía contar con una sociedad civil fuerte y potente. Por tanto, con el lema mujer africana y sociedad civil queremos contribuir a establecer una sociedad africana civil potente, para fiscalizar a los gobiernos porque pensamos que esta puede mejorar la gobernanza africana”.

Orígenes del Día de África

Él rememora los orígenes del Día de África se remontan al 25 de mayo de 1963, cuando fue creado por la Unión Africana con dos claros objetivos: “evaluar cómo iban los países, los obstáculos que había y ver cómo generar las transformaciones sociales y sostenibles necesarias para mejorar el continente”. Además, recuerda que “La Unión Africana desde 2001 ha tenido también el apoyo de la diáspora africana. Pensamos que debemos de luchar desde el exterior para mejorar el continente africano”, sentencia para añadir que “creemos que debemos impulsar cada día esa celebración del Día de África porque el continente lo necesita”.

Papa Balla en un momento de la entrevista | © Foto Agencia Alberto Pla

La importancia del Consejo Local de Migración

Papa Balla explica el funcionamiento y la relevancia del Consejo Local de Migración e Interculturalidad del que él es vicepresidente. Indica que cuenta con un pleno de 75 asociaciones, con una comisión permanente de 16 asociaciones y con cinco representantes de los cinco partidos políticos. Así como la presidenta, que es la concejala de Migración, y un vicepresidente. Por otra parte, cuenta con tres grupos de trabajo, uno sobre igualdad y derechos, otro sobre la promoción de la diversidad y un tercero sobre género.

Papa Balla en un momento de la entrevista | © Foto Agencia Alberto Pla

En el primero trabajan temas como la flexibilidad del padrón municipal: “Debemos insistir sobre la flexibilidad del patrón: “Los migrantes tienen problemas para empadronarse, pero todo depende del padrón. Para poder acoger, el procedimiento de arraigo social pide tres años en España más un contrato de trabajo. El padrón es donde se va a ver si la persona tiene tres años o no. Pero depende de un domicilio fijo, cuando uno no tiene un domicilio fijo no puede empadronarse”. Por eso han trabajado y han logrado la aprobación para que sea posible empadronarse sin contar con un domicilio fijo, no obstante: “tenemos problemas porque hay muchos funcionarios que quizás no lo saben o n o quieren hacer el paso siguiente para que pueda existir esta herramienta de forma efectiva, por tanto, sigue sin aplicarse como debería”, indica.

Papa Balla en un momento de la entrevista | © Foto Agencia Alberto Pla

Para Balla este Consejo Local de Migración es muy importante porque ahora el ayuntamiento “para llevar a cabo cualquier política migratoria tiene que tener en cuenta los informes del consejo local de migración e intercultural”. Además, agrega que “es muy positivo como herramienta porque es la sociedad civil dentro del espacio político para tener voz en él”.

Papa Balla en un momento de la entrevista | © Foto Agencia Alberto Pla