Frenar el cambio climático es sinónimo de salvar (muchas) vidas

2020-10-31T10:55:43+01:00octubre 24th, 2020|

Por: María Palau. Fotografías: Alberto Pla y Vincent Tremeau.

Desde la más absoluta ignorancia, tendemos a simplificar el cambio climático a un ya redundante enunciado: como consecuencia de las emisiones de CO2 incrementan los gases de efecto invernadero (GEI) y el planeta se calienta. Hasta cierto punto esta afirmación es cierta. La temperatura media mundial aumentó 0,85°C entre 1880 y 2012, según el Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés). Pero, sería absurdo repetir lo que hace mucho tiempo que sabemos y que, desde la brillante burbuja de falsa sabiduría que nos envuelve a aquellos que nos hacemos llamar “países desarrollados”, nos empeñamos en pregonar como una verdad universal.

Hoy, Día Internacional contra el Cambio Climático, nosotros queremos ir un poquito más allá y recordar que, aunque es cierto que los efectos del calentamiento global pueden ser devastadores para el medio ambiente, las principales secuelas del cambio climático tienen nombres y apellidos. Nombres y apellidos de miles, incluso millones, de personas que ven como sus ingresos económicos desaparecen y se sumen en una pobreza casi irremediable.

Una joven de la comunidad de Gimbichu teje con paja un recipiente. Fotografía: Alberto Pla

Miles, incluso millones, de personas que son forzadas a abandonar sus hogares porque no tienen qué llevarse a la boca después de que una fuerte sequía arrasara con la cosecha anual o porque alguna multinacional (sí, de “países desarrollados”) decidió explotar las materias primas de la zona en la que vivían. Miles, incluso millones, de personas que observan asustadas como la pobreza y la hambruna derivan en un contexto de tensión y violencia que puede desencadenar un conflicto de mayores dimensiones.

Miles, millones, de personas cuyos nombres y apellidos se evaporaron con el cambio climático porque, para ellos, la consecuencia última fue la muerte.

Nombres y apellidos del cambio climático

Por si no se fían, les damos algunos nombres y apellidos. Abdul, Rahima y sus hijos, Arafat y el bebé Ayaz, sufrieron las amenazas del monzón en el campamento de refugiados rohingyas de Cox’s Bazar (Bangladesh) donde malvivían desde que en 2017 se vieron obligados a abandonar su casa en Buthidaung (Myanmar) y huir de la violencia.

Abul Kalam con sus hijos Mohammad Arafat y Mohammad Ayaz en el Campamento 1 Oeste, Kutupalong, Cox’s Bazar, Bangladesh. © ACNUR/Vincent Tremeau

El voluntario rohingya Mohammed Halim, habla con Nessar Ahmed en el campo 21, Teknaf, Bangladesh. © ACNUR / Vincent Tremeau.

Shalle Hassan Abdirahman y Barwako Noor Abdi son solo dos de las muchas personas que llegan al centro de recepción de ACNUR en Dollo Ado (Etiopía) desde Somalia; la sequía y las extorsiones del grupo yihadista Al-Shabbaab imposibilitan el cultivo de la tierra y el cuidado de los animales.

Hawali Oumar huyó de Nigeria con su familia después de que integrantes de Boko Haram asesinaran a su padre e incendiaran su vecindario; ahora debe enfrentarse a diario con las plantas invasoras que asedian el Lago Chad (Chad), fuente de alimentos para este pescador, así como con la desertificación, deforestación y sequía que amenazan la zona.

Unas mujeres secan ropa al sol en el altiplano etíope. Fotografía: Alberto Pla

Podríamos seguir, pero nos conformaremos con aportar algunos hechos que, muy probablemente, los medios de comunicación de los “países desarrollados” se afanaron en silenciar. Sin embargo, la Plataforma sobre Desplazamiento por Desastres (PDD) en su informe Una iniciativa liderada por los Estados con miras a brindar una mejor protección para las personas desplazadas a través de fronteras en el contexto de desastres y cambio climático dejó constancia de algunos de ellos. Entre enero y junio de 2019, se produjeron inundaciones en la cuenca del Amazonas y del Río de la Plata que provocaron 400.000 desplazamientos en Argentina, Bolivia, Brasil y Uruguay. En mayo de ese mismo año, más de 3,4 millones de personas abandonaron India y Bangladesh a causa del ciclón Fani. En marzo, el ciclón Idai desplazó a 617.000 personas en Mozambique, Malawi, Zimbaue y Madagascar. Entre enero y junio, 72.000 personas abandonaron Somalia por una sequía que afecta al país desde 2015.

Cifras para comprender la magnitud del problema del cambio climático

Por si todavía tienen alguna duda, les dejamos algunos datos que pueden ayudar a esclarecer las dimensiones del cambio climático. El Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno (IDMC) en el Informe mundial sobre desplazamiento interno 2019 cifra en 23,9 millones de desplazamientos internos relacionados con el clima. Entre ellos, 10 millones por inundaciones o 13 millones por tormentas.

Dos hermanos en el vertedero de Cobán donde muchas familias trabajan para subsitir. Fotografía: Alberto Pla

Según el estudio El costo humano de los desastres: una visión general de los últimos 20 años (2000-2019) de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, se registraron 7.348 grandes desastres que acabaron con 1,23 millones de vidas y afectaron a 4.200 millones de personas. En los últimos 20 años, los desastres derivados del clima, provocados en su mayoría por el cambio climático incrementaron sobremanera. De esos 7.348 desastres, 6.681 tenían alguna relación con el clima.

Manos Unidas aporta tres datos demoledores. El 85% de las personas que sufren pobreza extrema dependen de los ecosistemas en los que viven para alimentarse y sobrevivir. El cambio climático amenaza con destruir estos ecosistemas; tanto es así que, en 2018, los desastres climáticos y naturales condujeron a 29 millones personas a la inseguridad alimentaria. Y el último: cada día mueren 18.000 personas por causas relacionadas con la contaminación atmosférica. Poco más podemos añadir nosotros.

Iniciativas contra el cambio climático

Cerrar basurales para limpiar el aire

Durante cinco décadas, Estructural, el basurero a cielo abierto más grande de América Latina y el Caribe situado en Brasilia (Brasil), recibía más de 2.700 toneladas métricas de basura. Estos residuos nunca se separaron e incluso a menudo fueron quemados, provocando que una gran cantidad de gases tóxicos contaminaran el aire y el agua de los alrededores del vertedero. Como consecuencia, la salud de la población cercana empeoró, sobre todo de los 2.500 trabajadores informales que se sustentaban a base del dinero que conseguían revendiendo residuos del vertedero.

 

En 2018, como parte de un programa de la ONU, destinado a cerrar basurales para limpiar el aire en América Latina y el Caribe Estructural fue clausurado. Según los cálculos del programa, así se eliminará al menos el 70% de las 1,4 millones de toneladas métricas equivalentes de dióxido de carbono que el vertedero habría estado produciendo hasta 2050. Además, se evitará sumar nuevas víctimas a las 330.000 muertes prematuras que cada año suceden en América Latina como consecuencia de la mala calidad del aire.

Campamento 1 oeste, refugio ante el monzón

¿Recuerdan a Abdul, Rahima y sus hijos? Los refugiados rohingyas que tuvieron que abandonar el campo de Cox’s Bazar porque se vieron amenazados por el monzón. Ellos son una de las miles de familias rohingyas que han recibido la ayuda de ACNURpara combatir los destrozos provocados por las lluvias y los vientos monzónicos.

Los refugiados rohingyas que tuvieron que abandonar el campo de Cox’s Bazar porque se vieron amenazados por el monzón

Abul Kalam con sus hijos Mohammad Arafat y Mohammad Ayaz en el Campamento 1 Oeste, Kutupalong, Cox’s Bazar, Bangladesh. © ACNUR/Vincent Tremeau.

La Agencia de la ONU para los Refugiados reemplazó o reparó más de 91.000 alojamientos, construyó 27 kilómetros de caminos y calles, 78 kilómetros de drenaje, 59 kilómetros de estructuras de retención, 32 kilómetros de escalones y 4,4 kilómetros de puentes iluminados por farolas. También se encargó de abrir 33 centros de salud y 25 centros de nutrición, y entregó más de 88.000 kits de albergue premonzón a grupos de refugiados especialmente vulnerables.

Abdul, Rahima, Arafat y el bebé Ayaz viven ahora en el campamento 1 oeste de Kutupalong (Cox’s Bazar, Bagladesh). Al menos, han conseguido protegerse del monzón.

Quien más sufre el maltrato al planeta no eres tú

Manos Unidas iniciaba el pasado mes de febrero la campaña de concienciación Quien más sufre el maltrato al planeta no eres tú con el fin de denunciar las consecuencias que el deterioro medioambiental tiene sobre millones de personas. La crisis climática afecta a 821 millones de personas castigadas por el hambre o a más de 1.000 millones de personas que viven en la pobreza.

“El hambre y la pobreza son dos realidades muy relacionadas con los daños medioambientales”, criticaban desde la ONG, y señalaban el agotamiento de recursos, la destrucción de ecosistemas, las inundaciones y las sequías extremas, la desertización y la deforestación como las graves huellas del cambio climático.

Manifiesto por el la nueva Ley de Cambio Climático

Más de 400 personas del área de la investigación y la ciencia, junto a algunos de los principales grupos ecologistas como Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, o WWF, han firmado un manifiesto para exigir que la futura ley reconozca la existencia de un comité científico independiente que evalúe la futura política de cambio climático en España. “Más ciencia, urgencia y ambición en la Ley de Cambio Climático y Transición Energética”, reclaman.

La “Hora del Planeta”, hoy, más importante que nunca

2020-03-28T15:20:58+01:00marzo 28th, 2020|

Por: Gerard Sánchez

“Apaga la luz, todo irá bien”. Este es el lema de este año de la “Hora del Planeta”, una iniciativa de WWF con alcance mundial y que en plena crisis mundial por el Covid-19 se readapta tanto en su mensaje como en las peticiones hacia la ciudadanía.  Una hora en la que se nos incita, cada año, a desenchufarnos de la red eléctrica para luchar contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad mundial. Pero en este 2020, cuando gran parte de la población permanece confinada en sus domicilios, las ventanas y balcones se han convertido, junto a las redes sociales y las aplicaciones de videollamadas colectivas, en los grandes zocos de socialización. Este sábado 28 de marzo, desde WWF nos piden, de nuevo, apagar las luces de nuestras casas, empresas y edificios oficiales de 20:30 a 21:30 horas, pero nos animan a encender otras; las de las linternas en nuestros balcones. Ese objeto, que permanecía oculto en los cajones, a la espera, tan solo, de algún apagón inesperado y que, como tantos otros como los relojes, las calculadoras o incluso las cámaras de fotos, había sido sustituido por el teléfono móvil, ha vuelto a la vida en esta pandemia global y se ha convertido en un símbolo de homenaje hacia las personas fallecidas y, también, en una forma de saludarse y mandarse ánimos de una fachada a otra. Personas que, aún viviendo muy cerca, tal vez nunca habían cruzado una palabra, ni siquiera un saludo, ahora se fortalecen mutuamente con un gesto tan básico como es el de salir a la ventana o al balcón y aplaudir o encender una linterna o una vela, siendo conscientes de que ese vecino o vecina, al que tal vez no conoces, está viviendo una circunstancia muy similar a la tuya.

En las grandes crisis y catástrofes es cuando la humanidad, paradójicamente se siente más unida y hasta más viva. Célebres eran las fiestas nocturnas durante las grandes batallas de la II Guerra Mundial, pues nadie sabía si, tal vez, aquella sería su última noche con vida. Ahora, salvando las distancias, este confinamiento obligado nos ha servido, o debería hacerlo, a apreciar de verdad el valor de un abrazo, de un beso, para saber que nuestro mayor tesoro es el cariño y el amor de otras personas y para ser conscientes de que todas y todos, sea cual sea nuestra condición social, podemos ponernos en la piel de los demás y tratar de colaborar, desde nuestras posibilidades, para aliviar su sufrimiento.

La Madre Tierra pide un cambio de modelo para el planeta

Como decía la Madre Tierra en una conferencia que dio en la ciudad de Valencia pocos días antes de la manifestación de Pobresa Zero de 2019, convocada por la Coordinadora Valenciana de ONGD: “El cambio climático afecta a todas las personas, pero en especial a las poblaciones que dependen más de los recursos naturales, las comunidades rurales de los países empobrecidos, y dentro de ellas a las mujeres, que producen hasta el 80 % de los alimentos en estos países».

Manifestantes en 2019 en València manifestándose en contra de la pobreza y por el planeta. Fotografía: Juanjo Martín.

La Madre Tierra añadía una frase que hoy, cuando gran parte de la población se mantiene en sus hogares y reflexiona sobre cómo el mundo está interconectado, cobra aún más vigencia: “Necesitamos un cambio de modelo urgente y radical que no se base en la contaminación del planeta y la explotación sin límite de los recursos naturales, que minimice unos costes sociales de discriminación y exclusión que son insoportables”, recalcaba.

Como cada año, desde la Agencia Alberto Pla-Proyectos de Comunicación Social colaboramos en la manifestación de Pobresa Zero no solo acudiendo a la misma y documentándola con las fotografías de nuestro compañero Juanjo Martín, sino también elaborando el spot oficial de un minuto de duración que este año tenía como protagonistas a una niña y a una bola del mundo en forma de globo.

 

En nuestra trayectoria profesional hemos desarrollado diversos trabajos, en colaboración con varias ONGD, para concienciar sobre la importancia de cuidar nuestro planeta y para mostrar también los efectos del cambio climático y las desigualdades sociales. Uno de ellos fue el documental “Un Sol para Dominicana”, que llevamos a cabo con la Fundación SOLCA en República Dominicana. Un trabajo que cuenta con cerca de medio millón de visualizaciones en Youtube y que, además, estuvo acompañado de una exposición fotográfica.

Podéis conocer el proyecto y también visualizar el documental completo en el siguiente link: UN SOL PARA DOMINICANA

Una bajada de contaminación nunca vista

En estos días de reclusión obligatoria, cuando nos quedamos en casa y las calles y carreteras están, prácticamente, desérticas de vehículos, las ciudades y nuestro ecosistema aprovechan para respirar a pleno pulmón. La contaminación en las grandes urbes ha descendido de forma generalizada, como así confirman las imágenes tomadas por el satélite de la Agencia Espacial Europea (ESA) durante los últimos cinco días. Según afirma, Clausa Zehner, jefe de la misión Copérnico Sentinel 5-P: “Nunca habíamos visto algo así en Europa”.

En una época en que las grandes ciudades como Madrid o Barcelona están aumentando las restricciones para el tráfico, sobre todo en sus centros urbanos, debido a las altas tasas de contaminación, se necesitan poco menos de cinco días de confinamiento para reducir las cifras atmosféricas de contaminación de una forma drástica. Pero, ¿aprenderemos algo de esta lección? ¿Seremos capaces de movernos de otro modo en nuestro día a día cuando todo esto pase? Es cierto que no depende solo de las acciones particulares de los ciudadanos de a pie, pero estos sí que pueden presionar a sus respectivos gobiernos para que apuesten más por el transporte público, por el fomento de la bicicleta y otros vehículos no contamimantes, por crear zonas peatonales…

¿Mantendríamos una reclusión por el planeta?

Y aquí cabe que nos hagamos otra reflexión. Desde hace años resultan evidentes los efectos nocivos del cambio climático y el calentamiento a nivel global. Se han lanzado campañas de todo tipo, como esta “Hora del Planeta”, se ha pedido la concienciación, el reciclaje, la búsqueda de alternativas a los combustibles fósiles y los cambios de actitudes en el consumo. Ahora, por nuestra salud, y por la del conjunto de la sociedad, se nos pide que nos quedemos en casa y la mayoría lo acatamos con mayor o menor resignación, pero con la sensación general de que es necesario y útil.

Pero, ¿nos hubiéramos quedado en casa si el motivo de la reclusión no hubiera sido por temor a contagiarnos, sino, simplemente, por algo tan básico, y tan vital, como es salvar el planeta, por reducir la contaminación y reflexionar sobre la necesidad de reordenar nuestra relación con la Madre Tierra?

La Madre Tierra ofrece una conferencia desde la plataforma Pobresa Zero en la Universidad Politécnica de València. Fotografía: Alberto Pla

Lamentablemente, la respuesta a esta pregunta, si somos realmente sinceros, sería “no”. Y ahí tenemos una clave de por qué esta “Hora del Planeta”, aunque solo sea un gesto, aunque no sirva para revertir la situación de sobrecontaminación mundial, sí es importante para pensar, para reflexionar, para concienciar a las nuevas generaciones. En definitiva, para buscar un cambio de paradigma que evite que en un futuro no muy lejano tengamos que quedarnos confinados en casa, no por un virus, sino porque el ambiente fuera sea, sencillamente, irrespirable. Ahora, cuando muchos nos ponemos mascarillas para salir de casa, nos viene a la mente la imagen de lugares como Pekín donde hace tiempo que se usan de forma cotidiana no solo para evitar contagiar o ser contagiados, sino, sencillamente, para respirar en medio de ciudades con niveles de polución intolerables. ¿Seremos capaces de reflexionar como sociedad y buscar soluciones para revertir la contaminación en todo el planeta? ¿O nos acostumbraremos a tener la mascarilla colgada en la entrada de casa para usarla cada vez que salgamos? ¿Daremos una lección de responsabilidad cuando lo que esté en juego, de verdad, no seas nuestras vidas particulares, sino la pervivencia de un planeta sano y perdurable para nosotros, para la naturaleza y para las próximas generaciones?

#QuédateEnCasa

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