La pandemia de los nadie

2020-03-24T21:40:16+01:00marzo 24th, 2020|

Texto y fotografías: Alberto Pla

Con la desolación de ver avanzar el coronavirus entre los nuestros, implacable en su objetivo de colapsar nuestro sistema hasta dejarnos sin aliento me acuerdo de aquellos que intentan salir a flote entre millones de frentes adversos.

Una niña del poblado de Gimbichu: Fotografía Alberto Pla

No nos sucede nada, —permítanme la comparación— que lo que le sucede a millones de personas diariamente en otros puntos del globo: la inmensa fragilidad del ser humano, la impotencia desde nuestros hogares, la aceptación, o no, del destino de aquellos que la muerte tiene la crueldad de llevar, la ansiedad ante lo desconocido, la soledad de aquellos —mayores y en residencias generalmente— que ya no sirven y quedan a merced de la Parca, la angustia de quienes sin recursos tratan de saber qué pasará mañana, el redescubrimiento de las verdaderas prioridades, el oxígeno entrar en nuestros pulmones día a día y pensar en voz alta: por ahora no me ha tocado a mí.

Una joven del poblado de Gimbichu: Fotografía Alberto Pla

El planeta, por momentos, deja de ser Europa para abrirse paso a través de nuestro ombligo y el sufrimiento de los nadie parece ser un poco más nuestro, después de todo. No cabe duda que esta pandemia aumentará el pensamiento colectivo ante un mundo que —lejos de terminar en el horizonte— lo sentirá más cercano. Y aquellos que se levantan si pensar si quiera que pasará mañana estará menos lejanos.

Una señora del poblado de Gimbichu: Fotografía Alberto Pla

Probablemente los protagonistas de estas imágenes del poblado de Gimbichu, en Etiopía, viven todavía ajenos al problema del coronavirus. Todavía hay personas, —piénselo— que tienen cosas más importante de qué preocuparse, como la niña que ejerce de madre con 9 años soportando a su hermana sobre sus hombros. «¿Y que culpa tengo yo?», puede pensar. Usted ninguna, —al menos directamente—, pero es en la adversidad de manera indiscutible donde se generan los mayores gestos de humanidad y aumenta el grado de empatía.

Una niña del poblado de Gimbichu: Fotografía Alberto Pla

Si la humanidad aprovecha esta crisis para hacer del dolor empatía y del sufrimiento resiliencia, encontraremos un mundo más humano y conectado con quienes seguirán golpeados con virus con nombre de hambrunas, sequías o plagas. Pero sobre todo, si al término de esta pandemia, miramos a los ojos de aquellos que jamás tuvieron una oportunidad y les tendemos una mano el mundo sin lugar a dudas saldrá fortalecido.

Una niña del poblado de Gimbichu: Fotografía Alberto Pla

 

 

La sonrisa etíope

2020-03-08T18:27:34+01:00marzo 7th, 2020|

Etiopía nos recibe con una sonrisa, pero, lejos de tópicos, aquí cada sonrisa tiene un trasfondo. Detrás de la de Genet, la protagonista del documental que estamos elaborando con MOSSolidaria para la Comunidad Misionera San Pablo Apóstol, hay una historia de lucha constante, detrás de una de las niñas del aula de especiales de la comunidad misionera San Pablo Apóstol, está la más pura inocencia y detrás de la de Enat, una de las profesoras de esa aula de especiales, hay una historia de abandono y superación.

Por: Gerard Sánchez

Dicen que los niños africanos siempre sonríen, tal vez solo sea su sistema inmunológico que lucha así, desde el subconsciente, por salir adelante ante la adversidad, que no es poca aquí. Pero la sonrisa etíope va más allá, está en esa abuela que nos abre la puerta de su casa y sonríe a la cámara con toda su dignidad. Está en esa marea de personas que nos rodea en la grabación de cada escena de exteriores. Y está, cómo no, en los niños que ríen, corren y saludan al cielo desde el que los graba nuestro dron.

Unos niños juegan con unas ruedas en la comunidad de la Misión San Pablo Apóstol. Fotografía: Alberto Pla

Somos unos recién llegados a Etiopía, es cierto, pero nos nutrimos de la experiencia de personas como Lourdes Larruy quien, al frente de la comunidad misionera, lleva aquí más de diez años y llama a casi todo el mundo por su nombre. La sonrisa etíope también es la suya cuando se acerca a los niños, cuando habla con las profesoras e incluso cuando conduce su todorerreno esquivando baches, burros y vacas.

La sonrisa etíope no es un cliché, no es un tópico porque no es homogénea. Responde a múltiples impulsos, esconde realidades desgarradoras y se alza por encima de la adversidad. Es una medicina y a la vez una cura en sí misma.

Unas niñas juegan en un prado en el municipio de Muketuri. Fotografía: Alberto Pla

La sonrisa etíope está también en la predisposición de Iván Luna, el director del hotel Best Western International en el que Genet llevó a cabo sus prácticas profesionales de Turismo cumpliendo así el sueño de una niña que como ella misma nos relata, cuando era pequeña no tenía sueños porque lo único que alcanzaba a ver en su horizonte era reproducir el mismo estilo de vida que tuvieron las generaciones que la precedieron. Y está también en personas que están de paso, como el guitarrista Gabriel Pérez y la bailaora Anabel Velasco que, sin pensárselo, se ofrecen a aparecer de extras en nuestra película documental. Y está en la alegría de Tesfayesh y Yohanish que nos recogen en el aeropuerto, de madrugada, y nos llevan a nuestro hotel.

Grabar en Etiopía es adaptarse a las circunstancias, al igual que la población se adapta cada día a la realidad que les ha tocado vivir. Es aceptar que lo que tenías previsto captar en cierto momento tal vez no puede ser, pero, como compensación, en cada rincón, en cada rostro, en cada mirada aparece una historia digna de ser contada.

Una madre en la comunidad de Gimbichu arropa a su hijo en brazos. Fotografía: Alberto Pla

Y ahí, en Gimbichu, un poblado tradicional con casas confeccionadas a base de barro y eucalipto, te das cuenta, de repente, que toda la comunidad ha contribuido para invitarnos a compartir con ellos una comida tradicional a base de cerveza artesana e injera, un pan plano confeccionado con harina fermentada de tef que se acompaña de humus, lentejas, remolacha y patatas. Una comunidad donde Deribe, otra de nuestras protagonistas, es la auténtica lideresa. Su sonrisa también es la de todas esas mujeres etíopes fuertes y resilientes que salen adelante y se convierten en referente y ejemplo para muchas otras.

Una mujer de la comunidad de Gimbichu sonríe mientras abriga a su hija sujeta sobre su espalda. Fotografía: Alberto Pla

La sonrisa etíope te contagia, te atrapa y te engancha, tal vez por ello personas como Mari Olcina y su marido Víctor Pareja regresan una y otra vez aquí con su ONG MOSSolidaria para recibir su dosis. Porque cooperar, en el fondo, va tanto de dar como de recibir, de hecho va más de lo segundo.

Ir a Arriba