¿Cuál sería la fotografía que represente la pobreza?

2022-01-13T17:30:39+01:00octubre 17th, 2021|

Fotografías y texto de Alberto Pla

Hoy es el Día Mundial contra la pobreza. Pienso en todas las imágenes que he sacado en aquellos países o territorios que luchan por su desarrollo: Guatemala, Haití, Mozambique, los campamentos de refugiados saharauis… ¿Cuál sería la fotografía que represente la pobreza? Quizá, la de una niña etíope muy joven vendiendo en un mercadito africano en la calle, o la de varios niños dominicanos en un semáforo limpiando cristales o la imagen de una madre sin capacidad de lactar a un bebé apurando las gotas de leche para que no muera de desnutrición. Hay muchas y todas evidencia la falta de humanidad que continúa imperando en una sociedad que sigue sin solucionar el problema de la pobreza en el mundo.

Niñas trabajando en un mercado en Muketuri-Etiopía. Foto: Alberto Pla.

Cuesta creer que todavía existen más de 700 millones de personas en el mundo que viven en situación de extrema pobreza. Esto significa que de 7.000.000 millones de personas hay una de cada diez que no tiene acceso a la salud o a la educación. Ni si quiera beber agua potable. Significa que en un mundo donde alrededor del 25% de los alimentos se desperdician en nuestra cocina y hay quienes no tiene productos frescos, malviven y sobreviven, —quien tiene la suerte de recibirla— de la ayuda internacional.

Los almacenes del Programa Mundial de Alimentos en los campamentos saharauis vacíos de comida fresca. Fotografía: Alberto Pla

Los almacenes del Programa Mundial de Alimentos en los campamentos saharauis vacíos de comida fresca. Fotografía: Alberto Pla

 

África, la gran castigada.

La gran mayoría de personas afectadas por la pobreza se localizan en África donde se concentra el 13 % de la pobreza mundial. De hecho, la mayor parte del continente se encuentra en estado de pobreza extrema y precariedad y los constantes conflictos armados agravan una situación ya de por si insostenible.

Según el IDH, un indicador elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) conocido como Índice de desarrollo humano, los diez países más pobres son africanos: Eritrea, Mozambique, Burkina Faso, Sierra Leona, Malí, Burundi, Sudán del Sur, Chad, República Centroafricana y Níger. Solo en Etiopía, otro de los países con menor IDH —también africano—, unos 126 000 niños y niñas etíopes sufren desnutrición grave, y se estima que ese número aumentará debido a las consecuencias del cambio climático y el conflicto armado que continúa en el norte del país. Según UNICEF, se calcula que 3,4 millones de etíopes requerirán ayuda alimentaria en los próximos tres meses y que seis millones de niños y niñas corren peligro de desnutrición.

La nutricionista de la ONGD MOSsolidaria Mari Olcina pesa a un niño con desnutrición severa en Muketuri, Etiopía. Fotografía: Alberto Pla

En Etiopía se podría encontrar la imagen que represente la pobreza, aunque es imposible escoger solo una en un territorio. En un país de una belleza y patrimonio sorprendente la falta de recursos se ceba con todo y con todos y se agudiza en aquellos niños y niñas que tienen síndrome down, retraso mental, alguna malformación o, simplemente, nacen con un hermano gemelo. En este caso las madres deben escoger qué bebé es el más fuerte para lactar porque no tienen leche para ambos. Y es habitual ver a niños con un mechón en el pelo por si un ángel viene a llevárselos. La tasa de mortalidad en niños y niñas es altísima y, de hecho, no les ponen ni nombre hasta los cuatro o cinco años porque si van a morir, para qué.

Una niña ayuda a dar de comer a su hermano en el comedor que mantiene la Misión San Pablo Apóstol en Gimbichu, Eitopía. Fotografía: Alberto Pla

 

Un bebé en Etiopía con síndrome de Down atendido por MOSsolidaria en las instalaciones de MCSPA, Muketuri.

Un bebé en Etiopía con síndrome de Down atendido por MOSsolidaria en las instalaciones de MCSPA, Muketuri. Fotografía: Alberto Pla

 

El virus COVID-19 agudiza la brecha

La pandemia ha ensanchado más la brecha entre los países más ricos y los más pobres y a la vista está quien se ha vacunado con premura y quien todavía espera una vacuna. Por otro lado, la emisión de gases de efecto invernadero, la emergencia climática con el aumento de intensos huracanes (como la temporada en 2020 en el Atlántico) cuyas consecuencias se observan en incendios devastadores que han calcinado enormes extensiones en Australia, el Pantanal brasileño, Siberia oriental en la Federación de Rusia y la costa oeste de los Estados Unidos. Consecuencias que solo hacen que empeorar la biodiversidad, la perdida de especies y los territorios, especialmente a aquellas 700 millones de personas donde todavía no tienen acceso a agua potable con un denominador común: menos lluvias, menos ríos, más enfermedades, más hambre…

Una niña en un vertedero de Guatemala donde niñas y niños trabajan desde pequeños para sobrevivir. Fotografía: Alberto Pla.

El informe del IDH propone un pacto urgente de la población con la naturaleza, la misma que se ha revelado contra nosotros a través de un virus que se mide, oficialmente, en casi cinco millones de personas fallecidas con más de 230 millones de casos confirmados a día de hoy. Un planeta que ha infravalorado el medio ambiente sistemáticamente sobreponiendo el crecimiento económico y agravando el crecimiento de los países más pobres. Un virus que ha evidenciado la necesidad de cuidar el medio en el que vivimos todos del que nadie (norte y sur) está más protegido ante emergencias sanitarias o climáticas.

Una niña en Alta Verapaz (Guatemala) estudia con una vela al no disponer de energía eléctrica. Fotografía: Alberto Pla

Sería imposible escoger solo una fotografía para mostrar la pobreza pero es evidente que, en un mundo global e hiperconectado, todos tenemos el compromiso moral de hacer desaparecer estas imágenes inmorales, vergonzosas y que pueden y deben evitarse.

El hambre que no vemos en occidente

2020-10-16T09:39:20+02:00octubre 16th, 2020|

Por: Mari Olcina

El 16 de octubre es el Día Mundial de la Alimentación, proclamado en 1973 por Naciones Unidas, finalidad, concienciar a las gentes del problema alimentario mundial y promover la solidaridad en la lucha contra el HAMBRE.

Hasta la llegada del Covid-19 en marzo del 2020, la población española generalmente, no se preocupaba demasiado de lo que es ir a dormir sin haber probado bocado en todo el día. La cuestión de pasar hambre quedaba más hacia abajo, por el África subsahariana, allí se concentraba la mayor parte de personas que no lograban obtener ni 2 € al día para alimentar a sus familias.

El 16 de octubre es el día mundial de la alimentación, proclamado en 1973 por Naciones Unidas, finalidad, concienciar a las gentes del problema alimentario mundial y promover la solidaridad en la lucha contra el HAMBRE.

Las colas en los bancos de alimentos como el de MOSSolidaria en Cullera son cada vez más numerosas. Foto: Mari Olcina

Pues bien, la pandemia nos ha mostrado la parte más vulnerable de occidente que, aun estando los supermercados llenos de alimentos, miles de personas no pueden comer ni una sola vez al día, no tienen acceso a alimentarse, ni mucho menos, procurarse una alimentación suficiente, variada y equilibrada.

El pasado 12 de marzo, justo dos días antes de que empezar el confinamiento en España, un equipo de la agencia Alberto Pla. Proyectos de Comunicación Social y un equipo de MOSSolidaria ONGD, volvíamos de rodar un documental en Etiopía. Uno de esos países, donde el último informe de la ONU lo cataloga como estado de inseguridad alimentaria, según el “Informe Mundial Sobre Crisis Alimentarias 2019” que elaboran conjuntamente la UE, la FAO, y el recientemente ganador del premio Nobel de la Paz; el Programa Mundial de Alimentos.

Mari Olcina en la comunidad de Gimbichu, Etiopía, en el programa de desnutridos que desarrolla con la Comunidad Misionera Juan Pablo Apóstol – MCSPA. Fotografía: Alberto Pla.

Las peores crisis alimentarias se viven en Yemen, República Democrática del Congo, Afganistán, Siria, Sudán, Sudán del Sur, norte de Nigeria y Etiopía. 820 millones de personas pasan hambre en el mundo en pleno siglo XXI.

El Covid-19 nos devuelve a la realidad del hambre en occidente

El Covid-19 nos devuelve a la realidad del hambre que se padece en occidente, que va unido a la pobreza extrema, a la más grave vulnerabilidad del ser humano, a los miles de niños y niñas que durante el confinamiento no podían comer ni un plato de caliente al día, porque ya no iban al comedor del colegio y eso es lo que nos debe preocupar y sensibilizar, sin prejuzgar.

El 16 de octubre es el día mundial de la alimentación, proclamado en 1973 por Naciones Unidas, finalidad, concienciar a las gentes del problema alimentario mundial y promover la solidaridad en la lucha contra el HAMBRE.

Personas haciendo cola ante el banco de alimentos de MOSSolidaria en Cullera. Foto: Mari Olcina

En España existen 9.950.000 personas en riesgo de pobreza, de las cuales se estima que 1.500.000 necesitan ayuda para alimentarse a consecuencia de esta crisis económica que sufrimos.

«Para paliar en lo posible esa hambre seca, sorda y casi invisible, las ONGs, asociaciones y personas solidarias nos pusimos en marcha, conociendo los estragos que el hambre produce, especialmente en los más vulnerables como son los niños y niñas».

La dura realidad del confinamiento y la vulnerabilidad de las familias en riesgo de exclusión social y de pobreza extrema nos ha llevado a contemplar la cara del hambre a nuestro alrededor, algunos y algunas de nuestras vecinas no podían acudir a su trabajo precario y mucho menos salir a comprar alimentos al supermercado, la mayoría de estas familias son las que más niños y niñas tienen y muchas de ellas son familias monoparentales, otras han venido a España buscado una vida mejor, más trabajo, más libertad, más vida en una palabra, pero la economía se ha parado en seco y ya no hay trabajo ni medio de vida digno para ganarse el pan de cada día.

El 16 de octubre es el día mundial de la alimentación, proclamado en 1973 por Naciones Unidas, finalidad, concienciar a las gentes del problema alimentario mundial y promover la solidaridad en la lucha contra el HAMBRE.

 

Plan estratégico de MOSSolidaria ONGD contra el hambre

MOSSolidaria ONGD, sita en Cullera, el mismo día 13 de marzo desarrolló un plan estratégico para atender nutricionalmente a los y las niñas de dichas familias durante el confinamiento, se repartieron más de 2000 menús solidarios y a continuación pusimos en marcha el banco de alimentos, donde hasta hoy, Día Mundial de la Alimentación, venimos  atendido a más de 60 unidades familiares y el número de  familias crece cada semana, donde hemos atendido a 1060 personas con la entrega de más de 7000Kg de alimentos procedentes de donaciones de entidades como: asociaciones falleras, supermercado Consum, almacén de frutas Eco Ribera, verduras Matevi, Aguilar, NAYDA ,  Banco de Alimentos Valencia, panadería Mar y Mar, socios y simpatizantes de MOSSolidaria ONGD y nuestro más sincero agradecimiento al equipo de voluntarias y voluntarios.

El 16 de octubre es el día mundial de la alimentación, proclamado en 1973 por Naciones Unidas, finalidad, concienciar a las gentes del problema alimentario mundial y promover la solidaridad en la lucha contra el HAMBRE.

Algunas personas en el interior del banco de alimentos de MOSSolidaria en Cullera. Foto: Mari Olcina

Las familias que acuden a los bancos de alimentos, como el de MOSSolidaria ONGD en Cullera, tienen muy bajos ingresos o cero ingresos, son ante todo personas como los demás y se sienten frustrados y frustradas por no poder ser autosuficientes, el encuentro también ayuda a que expresen sus sentimientos, algunas situaciones son tremendamente extremas, familias numerosas con niños y niñas pequeños, indigentes,  personas inmigrantes que se encuentran indocumentados y sin poder trabajar y que no disponen de recurso alguno por lo que sienten vergüenza. Pensemos por un momento, ¿cómo nos sentiríamos si estuviéramos en su lugar?, ¿si no tuviéramos nada en el frigorífico, ni un euro en la cartera?

Ponernos en el lugar del otro en tiempos difíciles

Ponernos en el lugar del otro nos ayuda a comprender la difícil situación que están viviendo y que no saben cuando va a terminar, nos ayuda a comprender esa lágrima que resbala por alguna mejilla al recibir unos cuantos alimentos, ese agradecimiento silencioso con el alma rota y la mirada fija, buscando la esperanza de un mundo mejor.

El 16 de octubre es el día mundial de la alimentación, proclamado en 1973 por Naciones Unidas, finalidad, concienciar a las gentes del problema alimentario mundial y promover la solidaridad en la lucha contra el HAMBRE.

Hoy es el día Mundial de la Alimentación y gracias a las ONGs, Bancos de Alimentos, Asociaciones de Vecinos, Comisiones Falleras, Socios, Simpatizantes, Donaciones, Voluntarias y Voluntarios, miles de personas podrán alimentarse, al menos con una comida al día, lo mismo se repite en todo el mundo, las llamadas “Colas del Hambre” las encontramos por toda Europa, ahora sabemos que, un día podemos encontrarnos en su misma situación, que el futuro no nos esta asegurado nadie y que las ONGs y la solidaridad estarán ahí, para darnos su apoyo incondicional.

En nombre de las familias asistidas gracias a todas las personas solidarias que alargáis la mesa y compartís vuestro pan.

Mari Olcina:

Graduada en Nutrición Humana y Dietética

Máster en DDHH, Paz y Desarrollo Sostenible

Máster en Ética y Democracia

Doctoranda en Medicina, Salud pública, Higiene y Sanidad Ambiental

Presidenta y fundadora MOSSolidaria ONGD

Colaboradora-voluntaria MCSPA

El 16 de octubre es el día mundial de la alimentación, proclamado en 1973 por Naciones Unidas, finalidad, concienciar a las gentes del problema alimentario mundial y promover la solidaridad en la lucha contra el HAMBRE.

Mari Olcina entrega alimentos a una persona en Cullera.

“El hambre puede ser mucho más letal que el coronavirus entre una población tan joven pero tan desnutrida como la guatemalteca”

2020-05-02T13:56:56+02:00mayo 2nd, 2020|

Por Gerard Sánchez | Fotografías de Alberto Pla 

Los efectos de una pandemia como la del Covid-19 se dejan sentir en todo el mundo, pero ya se están volviendo especialmente dramáticos en aquellos países con menos recursos y con más altos porcentajes de población que vive, literalmente, al día. Entre ellos está Guatemala, un país que se encuentra, de momento, entre los de menor porcentaje respecto a la población total de contagiados y fallecidos, pero donde las medidas de confinamiento prolongadas están llevando ya a muchas familias al límite.

Continuando con nuestra serie de entrevistas a cooperantes españoles que han decidido quedarse en sus países de destino, y que arrancamos con el testimonio de Lourdes Larruy, responsable de la Comunidad Misionera San Pablo Apóstol en Muketuri (Etiopía), en esta ocasión entrevistamos al presidente de la Asociación CONI, Alejandro Sebastián que, lleva ya más de 12 años desarrollando todo tipo de proyectos de cooperación en Guatemala.

Pasa unos seis meses al año en España y otros en Guatemala, esta pandemia le pilló en Guatemala, ¿cómo se vivió allí desde el inicio?

Las experiencias de Italia y España dejaron muchos aprendizajes para la preparación y la gestión de la llegada del COVID-19 a otros países. En Guatemala, la fase de contención ha funcionado espectacularmente bien por la premura de las medidas. Después de 45 días de cuarentena sólo tenemos identificados en el país 600 contagiados y 16 fallecidos. De hecho, Guatemala es el país del mundo con menor porcentaje de infectados y fallecidos por millón de habitantes.

De todas formas, esta contención tan exitosa puede ser un arma de doble filo. Mientras en otros países ya se habla de “desescalada” y “desconfinamiento”, en Guatemala no parece que hayamos llegado al pico de la famosa “curva”, estamos comenzando ahora con el contagio comunitario, parece que esto va para largo, y las familias del área rural no se pueden permitir muchas más semanas sin trabajo y sin ingresos. Vamos a ver mucha hambre en Guatemala. Y quizá violencia.

Alejandro Sebastián reunido con la Directora de programas en Guatemala y el profesor de la escuela de Cobán. Fotografía: Alberto Pla

¿Se planteó regresar?, ¿lo hicieron otros cooperantes que conozca?

Todos los colaboradores españoles que teníamos desplazados en Guatemala se quedaron encerrados en el país cuando cerraron las fronteras. Afortunadamente, la Embajada de España en Guatemala fletó un avión 10 días más tarde y pudieron regresar todos. Yo decidí quedarme. Fue una decisión difícil, porque no habría más oportunidades de regresar a España en los próximos meses y la idea de que enferme un ser querido y no poder volver es muy dura. Pero quiero pensar que soy más útil aquí.

¿Dónde está exactamente y cuál es allí la situación respecto al resto del país?

Estamos en Alta Verapaz, el departamento con mayor índice de población indígena y pobreza extrema del país. Estamos en lo que llaman “la Guatemala profunda”, un departamento con casi dos millones de habitantes, 95% indígenas mayas de la etnia q’eqchí’, diseminados en más de 3.000 comunidades rurales. Más del 80% de las familias vive bajo el umbral de pobreza.

Reparto de comida en una de las comunidades rurales de Guatemala donde trabaja la asociación. Foto: Asociación CONI

¿Cómo se tomó la población las medidas de confinamiento?

Con un civismo admirable. De verdad le digo que siento orgullo por el nivel de comprensión y responsabilidad que han demostrado las familias y las comunidades de esta zona de Guatemala y de todo el país en general. Sigo los chats de mis amigos en España, quejándose porque no pueden salir a correr, porque no les ha llegado a tiempo el dinero del ERTE… y de verdad que siento admiración por gente como Don Oswaldo, campesino, analfabeto, que está buscando cómo comprar comida a sus 6 hijos sin poder ir a trabajar desde hace semanas y que te lo cuenta con un nivel de comprensión, responsabilidad y civismo digno de admiración.

«En Guatemala el 80% de las familias sobreviven al día. No hay ahorros. El día que no entra jornal, no se come en casa”

¿Qué problemas empezaron a surgir con estas medidas?

Económicos. Hambre. En Guatemala el Estado no tiene la capacidad financiera de impulsar esos mastodónticos planes de protección del empleo, protección de rentas, subsidios, etc. Aquí la cuarentena supone dejar de ingresar. Hablamos de una región del planeta donde el 80% de las familias sobreviven al día, como jornaleros, en la economía informal. No hay ahorros. El día que no entra jornal, no se come en casa. Y el jornal lleva 45 días sin entrar.

El Gobierno está lanzando algunos planes paliativos, pero son una gota anecdótica en un mar de necesidad. Aquí no llegan. Aquí en nuestras comunidades vemos que la gente empieza a colgar pañuelos blancos en las puertas de sus casas para que alguien les lleve comida. Tienen hambre. El confinamiento no es sostenible por mucho más tiempo, esté como esté la “curva”.

Cada vez más personas cuelgan sábanas blancas delante de sus casas para pedir que alguien les lleve comida. Fotografía: Asociación CONI

 

Tal como vimos durante el rodaje del documental 142 Pulsaciones, el sistema sanitario guatemalteco, sobre todo en los lugares remotos o más rurales, es bastante precario. ¿Puede el sistema sanitario de un país como Guatemala hacer frente a una pandemia prolongada de este tipo?

Si tomamos como definición de “colapso del sistema sanitario” lo que entendemos en España por ello, el sistema sanitario guatemalteco lleva “colapsado” ininterrumpidamente desde que llegué yo aquí hace 12 años. Los retos sanitarios que enfrenta este país a diario ya superan con mucho las capacidades instaladas. Ahora mismo, tenemos una plaga de dengue en algunas zonas del país, con casi 4.000 infectados en lo que va de año. La de COVID es otra capa más.

Para que usted se haga una idea: en Madrid se hablaba de “riesgo de colapso”, cuando en Madrid hay 37 hospitales públicos con unas 22.000 camas hospitalarias. Aquí en Alta Verapaz, para casi 2 millones de habitantes, tenemos sólo un hospital con unas 36 camas. Con el equipamiento la comparación es todavía peor: el presupuesto de la sanidad pública en la Comunidad de Madrid es 5 veces mayor que el presupuesto del Ministerio de Salud para todo Guatemala.

En nuestras comunidades vemos que la gente empieza a colgar pañuelos blancos en las puertas de sus casas para que alguien les lleve comida. Tienen hambre”

¿Cuál es la situación ahora mismo?

Mucha incertidumbre. La gestión de la pandemia estos primeros 45 días ha sido un indudable éxito. Pero también es indudable que el confinamiento no se puede prolongar durante mucho tiempo. Durante los próximos meses la situación es de muchísima incertidumbre.

Yasmin abraza a su hijo en su casa. Muchas mujeres afrontan la maternidad a edades muy tempranas. Fotografía: Alberto Pla

Kimberly, la protagonista del documental 142 Pulsaciones, estudió enfermería pero quería seguir estudiando y trabajando, ¿qué está haciendo ahora?

Kimberly acabó el Técnico Universitario en Enfermería y ahora está estudiando la Licenciatura Superior de Enfermería. Ha estado colaborando con nuestra organización en un proyecto de salud sexual y reproductiva en el departamento de Jutiapa durante los últimos meses, pero ahora la están llamando como jefa de enfermería desde el sistema público de salud, así que creo que ese será su futuro inmediato. Mientras, sigue estudiando, con mucho éxito como siempre. Ahora, a distancia, dado el cierre de todas las clases presenciales en el país.

Kimberly atiende a una paciente indígena guatemalteca en el centro de salud de Cobán. Fotografía: Alberto Pla

Ella era promotora de salud y daba charlas sobre prevención de enfermedades como el sida. ¿Qué está haciendo durante la pandemia?

Pues está encerrada, como todos, colaborando lo que puede a través del móvil. Aquí en Guatemala se ha decretado un estado de sitio parcial, de 18:00 a 4:00, y se ha prohibido el desplazamiento entre zonas, así que estamos todos haciendo lo que podemos con la locomoción y los horarios muy limitados.

Kimberly durante una charala de prevención de enfermedades de transmisión sexual en el centro de salud de Cobán, junto a su compañera Yolanda. Fotografía: Alberto Pla

El presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, anunció el lunes, 27 de abril, 30 nuevos casos de coronavirus en las últimas 24 horas para sumar un total de 530 contagiados de COVID-19 en su país, incluidas 15 personas fallecidas por la enfermedad. ¿Son fiables estas cifras tan bajas en el país más poblado de América Central, con 16,301,286 de habitantes?

En España sabemos bien que las cifras no son fiables en ningún lado. Es imposible que lo sean. Cuando hablamos de “infectados”, hablamos de personas que han dado positivo en un test. Cuando hablamos de “fallecidos” hablamos de personas que han fallecido después de haber dado positivo en un test. Por lo tanto, la fiabilidad de las cifras en cada país dependerá mucho del número de test que se hagan.

En Guatemala, con la población que usted indica, sólo se hacen alrededor de 500 test diarios. Sin embargo, me atrevería a afirmar que las cifras aquí son mucho más fiables que en España porque en Guatemala apenas hay todavía contagio comunitario. El virus está muy localizado entre unas 3.000 personas de colectivos muy concretos (personas deportadas de EEUU, personas en contacto con turistas infectados) que están en cuarentena y en observación desde hace semanas. Apenas se han identificado en el país 10 casos de contagio comunitario. Parece que se extenderá, pero parece que aún no se ha extendido.

«Quizá durante las próximas semanas, el reto mayor no es gestionar el virus, sino gestionar el estado de ánimo de la población»

El presidente Giammattei ya advirtió esta semana en declaraciones a periodistas de que «lo peor está por venir» con respecto a la emergencia sanitaria y que el pico de contagios podría llegar en las primeras dos semanas de mayo…

Como decíamos, aquí todavía estamos escalando la “curva”, aún no hemos llegado al pico. Así que es una afirmación obvia que las próximas semanas serán peores que las anteriores. El presidente —que es doctor— ha gestionado muy hábilmente la pandemia hasta ahora. Merece reconocimiento por ello. Pero lo que se le viene encima es un dilema complicado porque, como decíamos, lo peor del virus aún no ha llegado y la gente no aguanta más en cuarentena. Ya se están viviendo casos aislados de impaciencia y violencia en el país. Quizá durante las próximas semanas, el reto mayor no es gestionar el virus, sino gestionar el estado de ánimo de la población.

¿Cuáles son las necesidades principales?

Retomar la actividad, trabajar, generar ingresos, comprar comida y comer. Guatemala ya arrojaba, antes de esta pandemia, el sexto peor índice de desnutrición crónica del mundo. En el país, 1 de cada 2 menores de 5 años padece desnutrición crónica. Aquí en el área rural es más del 80%, 4 de cada 5 niños. El hambre puede ser mucho más letal que el coronavirus entre una población tan joven pero tan desnutrida. Es un dilema complicado.

«Hambre. Hambre. Hambre. Es la mayor preocupación ahora mismo. Aquí no llegan los programas del Gobierno»

Una niña en Alta Verapaz (Guatemala) estudia con una vela al no disponer de energía eléctrica. Fotografía: Alberto Pla

¿Qué temores le expresa la población?

Hambre. Hambre. Hambre. Es la mayor preocupación ahora mismo. Aquí no llegan los programas del Gobierno. Muchas familias de estas comunidades en el área rural no están ni siquiera registradas como ciudadanos. Sin embargo, sí les afecta el estado de sitio y el confinamiento. Ellos tampoco pueden trabajar, tampoco están ingresando. Y ya están empezando a pasar hambre. Cada vez hay más pañuelos blancos colgados en las casas. Ya se están viendo casos aislados de violencia contra la policía. Es urgente resolver la situación.

Dos hermanos en el vertedero de Cobán donde muchas familias trabajan para subsitir. Fotografía: Alberto Pla

¿Cree que esta crisis hará que cada país se centre en sí mismo y baje la cooperación internacional o, por el contrario, servirá para darnos cuenta de que estamos todos conectados y que lo que sucede en un lugar nos puede afectar a todos?

Creo que esta crisis deja un aprendizaje claro: somos una única comunidad global, necesitamos más unión y solidaridad. Pero también creo que la crisis anterior dejaba un aprendizaje claro: es necesario regular ciertas prácticas de los mercados financieros… Me temo que estaremos tan atentos a los aprendizajes como lo estuvimos en crisis anteriores.

«Llevamos décadas manejando desde el Tercer Sector un discurso positivo, naíf diría yo, que hace que no se nos tome en serio»

¿Qué mensaje le mandaría a los gobiernos occidentales y a su ciudadanía para que mantenga las inversiones y las donaciones en cooperación internacional?

Llevamos décadas manejando desde el tercer sector un discurso positivo, naíf diría yo, que hace que no se nos tome en serio. Parece que nos dedicamos a algo superfluo, prescindible. El discurso de la solidaridad y la cooperación no se está tomando en serio, el reto de la pobreza y la desigualdad no se está abordando con determinación.

Crisis como ésta nos enseñan que realmente estamos todos unidos, que la frontera que dibujamos en un papel no nos separa ni nos protege de retos que son globales. Que debemos pensar desde una conciencia global de una vez por todas. Si no se ha hecho por generosidad, que se haga por egoísmo. Pero que se haga.

Alejandro Sebastián durante una reunión con los integrantes de la municipalidad de Cobán para informar sobre la necesidad de construir una nueva escuela. Fotografía: Alberto Pla

En su asociación dan mucha importancia a la educación, a las becas educativas cuyos becados, en muchos casos, se convierten luego en padrinos de otros. ¿Es la educación la mejor medicina contra las desigualdades?

¡No es la mejor! ¡Es la única! No podremos abordar el resto de problemas de pobreza, desigualdad, enfermedades, pandemias, contaminación, destrucción del medio ambiente, cambio climático, superpoblación, violencia de género, democracia, justicia, paz, si no resolvemos primero la cuestión de la educación. Tras esta pandemia, reafirmamos nuestro convencimiento: es necesario invertir en educación. Aquí y allí.

El documental que produjimos sobre el trabajo de la Asociación CONI a través del increíble testimonio de Kimberly

Eladio Seco: “Manos Unidas desaparecerá el día que no haya hambre en el mundo”

2020-01-10T13:05:26+01:00julio 6th, 2017|

Por Yolanda Menadas | Fotografías de Ana Enguídanos Baena Fotografía cover del artículo Icíar de la Peña para Manos Unidas

Eladio Seco firma como Delegado de Manos Unidas Valencia pero ante todo, es un voluntario más. La ONGD de la Iglesia Católica lleva 60 años trabajando para apoyar a los pueblos del Sur en su desarrollo y en la sensibilización de la población española. Y luchar para conseguir mejorar la vida de los demás, merece un reconocimiento. El último, el Premio ABC Solidario por su programa de “desarrollo comunitario y de la mujer de Barabanki”, un grupo de 30 aldeas rurales situadas al norte de la India, un país al que destinan una quinta parte de su presupuesto.

Le entrevistamos junta a la Catedral, donde se cruzan los restos arqueológicos de la ciudad romana, visigoda y árabe. Tras la conquista cristiana, en la Baja Edad Media, se levantó la Almoina, que da nombre al edificio destinado a la manutención de los más desfavorecidos. En el siglo XXI, se mantienen las desigualdades. Sólo en 2016, Manos Unidas destinó casi 40 millones de euros a la lucha contra el hambre.

Eladio Seco | Fotografía Ana Enguídanos Baena

Eladio Seco | Fotografía Ana Enguídanos Baena

¿Cuáles han sido los mayores logros de Manos Unidas conseguidos esta temporada?

Nuestra campaña de este año se centra en el lema “El Mundo no necesita más comida, necesita más gente comprometida”. Nos basamos en la idea de que un 30% de los alimentos que se producen se pierden. Con esos alimentos, que entre todos tiramos a la basura, se podría alimentar casi a 800 millones de personas que pasan hambre en el mundo de manera habitual. El logro es la sensibilización, ya que se dirige a todos los estratos de la sociedad, desde los productores de alimentos hasta los consumidores, que somos los que más tiramos. La campaña ha tenido muy buena acogida y estamos muy satisfechos porque ha habido mucho eco en todas las publicaciones nacionales y extranjeras y creo que ha sido un acierto plantear ese lema. Además, hay más de 600 proyectos que se van realizando durante el año. Todos ellos centrados en los cinco tipos fundamentales: la educación, la sanidad, el medio ambiente, la agricultura y el apoyo a la mujer. Todos los años se revisan los países de acuerdo con su situación económica y sus necesidades para decidir cuáles están incluidas en nuestra oferta y cuáles no.

¿En qué países habéis actuado este año?

Hemos actuado en más de 60 países, aunque el país más importante tradicionalmente siempre es la India, donde se hacen anualmente alrededor de 100 proyectos. Casi una quinta parte de los que hacemos en todo el mundo. Y después, por continentes, estaría África. Allí, hemos financiado 273 proyectos de desarrollo durante el 2016. Además, para combatir el hambre, trabajamos en dar una respuesta a la hambruna y a la emergencia alimentaria en Sudán del Sur y el cuerno de África. En este caso, son proyectos específicos que no son de desarrollo porque lo único que estamos tratando es procurar que la gente no se muera de hambre. Después, trataremos que obtengan un medio de vida adecuado, pero lo principal es que no mueran de hambre. Además, Manos Unidas está apoyando todas las campañas relacionadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Durante los últimos nueve años, cada campaña anual se centraba en uno de los objetivos del milenio y desde 2015, en los ODS.

Eladio Seco | Fotografía Ana Enguídanos Baena

Eladio Seco | Fotografía Ana Enguídanos Baena

¿A qué retos se enfrenta Manos Unidas en los próximos años?

Lo más importante ahora es sensibilizar. En la campaña de desperdicio de alimento, tenemos que contar con todos nuestros conciudadanos, tenemos que hacerles ver que no podemos comprar más de lo que necesitamos. Por otra parte, exigimos de manera permanente a las autoridades que sean conscientes que sin el apoyo de los estados, esto no se puede resolver. De nuestros ingresos anuales, que están alrededor de 45 o 50 millones de euros, solamente recibimos de ayuda oficial un 8%, el resto es ayuda privada. Eso debería de cambiar. Afortunadamente, nosotros tenemos un gran apoyo de los ciudadanos y con eso podemos seguir adelante.

En cuanto a la campaña, aún no hemos anunciado la del año que viene, pero estará en la misma línea: la solidaridad. No podemos quedarnos satisfechos con lo que tenemos, sabiendo de la cantidad de gente que está pasando hambre, en la miseria, que no tiene educación, que no tiene sanidad. Y hay que ser responsables, hay que comprometerse y hay que compartir. Ése va a ser el lema del año que viene.

Hablábamos antes del apoyo ciudadano, el equipo de Manos Unidas está formado por socios, voluntarios… ¿Qué papel juega el sector privado y la sociedad civil?

Los socios y donantes tienen un papel muy importante. Un 26% de nuestros ingresos proceden de la colecta que realiza Manos Unidas una vez al año. Y más de un 40% procede de socios y donantes. Eso desde el punto de vista económico y desde el punto de vista de apoyo, somos una asociación de voluntarios. Somos todos voluntarios, excepto algunas personas que por su puesto necesitan una dedicación que un voluntario no puede cubrir. Y todas las personas que tienen una posición de dirección han de ser obligatoriamente voluntarios. Manos Unidas no podría existir sino fuera por los voluntarios. Tampoco viviría sin los socios, que nos aportan su ayuda económica. Al final, es la sociedad, con sus donativos y el voluntariado, la que hace que podamos cumplir nuestros objetivos. De ahí la importancia de la sensibilización, para que eso siga, no solo en su día a día, sino para que Manos Unidas continúe creciendo y podamos hacer, cada vez, más proyectos y ayudar al desarrollo de los países más pobres.

En estos momentos, todos los países son países en desarrollo sostenible y el fin último es conseguir cumplir los 17 objetivos. Según el Índice de los ODS, España ocupa el puesto número 30 de un total de 149 países comprometidos con estos objetivos y de los 17 objetivos, nuestro país solo aprueba en igualdad de género, de momento. Según su opinión, ¿qué medidas se han tomado para conseguirlo?

España lleva muchos años luchando por la igualdad entre el hombre y la mujer y se ha avanzado muchísimo. No me extraña que sea el objetivo que cumplimos. Y estoy muy orgulloso y satisfecho de ello. Otra cosa es que se cumpla en los países donde Manos Unidas actúa, por eso nosotros seguimos insistiendo. Pero no puede cumplirse él solo, si los otros no se cumplen. Y lo mismo puede ocurrir en España, es decir, aquí sigue habiendo hambre y miseria y no podemos olvidarlo. Hay que cumplir los 17 objetivos para que de verdad avance el desarrollo y nos sintamos satisfechos por estar haciendo algo de cara al 2030. Es una pena que sea el único que se cumple, de aquí a 2030, a lo mejor conseguimos cumplir alguno más, es nuestro deseo y es lo que vamos a intentar.

Eladio Seco | Fotografía Ana Enguídanos Baena

Eladio Seco | Fotografía Ana Enguídanos Baena

En España, los peor parados son los objetivos que tienen que ver con el empleo, la investigación, el reciclaje de residuos municipales, la biodiversidad o la ayuda al desarrollo. ¿En qué tipo de medidas los gobiernos deberían hacer hincapié?

Los organismos deben hacer hincapié en todos los ODS para poder cumplir la Agenda2030. E insistir, sobre todo, en la pobreza cero, que es el objetivo 1, y la lucha contra el hambre. Eso son los objetivos que Manos Unidas tiene como bandera, por los que pelea y lucha cada año en todas sus campañas. Y, por otro lado, hay otro muy importante que es el apoyo a la agricultura y al pequeño agricultor. Consideramos que es importante porque es una forma de aumentar la productividad y que no se desperdicie tanto alimento como desperdiciamos.

Si ahora cerráramos los ojos y al abrirlos estuviéramos en 2030, ¿qué le gustaría encontrarse?

Me gustaría encontrar todos los objetivos cumplidos, con todas sus metas, pero me temo que no va a ser así. En fin, trabajamos para que sea posible.

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