La ONU alerta del grave retroceso del desarrollo humano en el mundo a causa del Covid-19

2020-05-21T13:31:11+02:00mayo 21st, 2020|

Fotografías de Alberto Pla

La pandemia mundial ocasionada por el Covid-19 ha ocasionado una crisis sanitaria a escala planetaria a la que hay que agregar también una no menos grave y complicada crisis social, económica y humanitaria. De ello alertaba, precisamente, esta semana la Coordinadora Valenciana de ONGD que reclamaba a las instituciones públicas mantener la financiación a los programas de desarrollo. Y también lo resaltan los cooperantes que siguen en diferentes países como estamos viendo en nuestras entrevistas a personas como Alejandro Sebastián (Asociación Coni), en Guatemala, o Lourdes Larruy (Comunidad Misionera San Pablo Apóstol), en Etiopía.

Precisamente, el nuevo informe del Programa las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) advierte del deterioro de las condiciones a nivel sanitario, educativo y de calidad de vida en todo el mundo. La pandemia del COVID-19 está, además, ampliando las desigualdades. Un informe que también destaca que “solo la implementación de medidas coordinadas basadas en la igualdad podría limitar los efectos de la crisis”. Algo que, de momento, no está sucediendo, como así lamentaba esta semana el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, durante la inauguración de la anual Asamblea Mundial de la Salud, en la que participan los 194 Estados miembros de la Organización. Guterres recalcó que se necesita de un esfuerzo masivo y combinado de todos los países para hacer frente a la pandemia de coronavirus que ha “puesto de rodillas” al mundo a pesar de los avances científicos y tecnológicos de las ultimas décadas.

El director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Gebreyesus, durante la inauguración de la Asamblea Mundial de la Salud. Foto: ONU/Christopher Black

“Hemos visto algo de solidaridad, pero muy poca unidad, en nuestra respuesta al COVID-19. Los países han seguido diferentes y hasta contradictorias estrategias, y por eso estamos todos pagando el precio”, afirmó el Secretario General.

«Hemos visto algo de solidaridad, pero muy poca unidad. Los países han seguido diferentes y hasta contradictorias estrategias, y por eso estamos todos pagando el precio»

Guterres reiteró su llamado para que más naciones aborden el impacto de la pandemia en la salud, así como sus consecuencias económicas y sociales. «A menos que controlemos la propagación del virus, la economía nunca se recuperará», explicó.

Retrocesos en países de todas las regiones

La ONU alerta de que la pandemia de coronavirus podría hacer retroceder por primera vez desde el año 1990 el desarrollo humano global, calculado como una combinación de factores educativos, sanitarios y de condiciones de vida en el mundo, como así advertía este miércoles, día 20 de mayo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El estudio apunta que, tras la muerte de 300.000 personas a causa de la COVID-19, las estimaciones para este año apuntan a una caída del 4% de la renta per cápita mundial. Lo cual se traducirá en retrocesos significativos de elementos básicos de desarrollo humano que ya se están observando y sufriendo en países de todas las regiones, tanto ricos como, especialmente, pobre.

Una niña en Alta Verapaz (Guatemala) estudia con una vela al no disponer de energía eléctrica. Fotografía: Alberto Pla

Incremento de las tasas de desescolarización

Mientras tanto, el Programa de la ONU estima que, debido fundamentalmente al cierre obligado de las escuelas, pero también a factores relacionados con la crisis social, sanitaria y económica, la tasa de abandono escolar provoca que el 60% de los menores no reciban ningún tipo de educación, “lo que sitúa la desescolarización global a niveles inéditos desde la década de los ochenta del pasado siglo”. El estudio destaca que «el impacto conjunto de estos choques podría dar lugar a un retroceso inédito en los niveles de desarrollo humano».

El Programa de la ONU calcula que en los países con un desarrollo humano bajo el 86 % de los niños y niñas de primaria se encuentran actualmente sin escolarizar, en comparación con el 20% en los países con un desarrollo humano muy alto. «Sin embargo, con un acceso más equitativo a internet que permita a los países rezagados cerrar la brecha respecto a los que encabezan su grupo de desarrollo, algo que es factible, las desigualdades actuales en materia educativa podrían cerrarse», apunta el informe.

Unas niñas estudian en los asentamientos informales en el valle de la Bekaa, Líbano, apoyados por CIVES MUNDI y ONG RESCATE. Fotografía: Alberto Pla

Desigualdades en aumento

Las previsiones del informe apuntan a que la caída del desarrollo humano será mucho mayor en los países en desarrollo que en los más ricos, ya que los primeros disponen de menos recursos para manejar los efectos sociales y económicos de la pandemia.

Del mismo modo, destaca que las medidas concretas y enfocadas en la igualdad pueden impulsar la reacción de las economías y las sociedades de manera que se logren mitigar los profundos efectos de la pandemia de COVID-19.

La Organización Mundial de la Salud entrega suministros médicos para luchar con el COVID-19 en la República Democrática del Congo. Foto: OMS

«Esta crisis muestra que si no somos capaces de integrar la equidad en nuestras políticas muchas personas quedarán atrás. Esto cobra especial relevancia en el caso de las ‘nuevas necesidades’ del siglo XXI, como el acceso a internet, que nos permite aprovechar los beneficios de la teleeducación, la telemedicina y el trabajo desde casa», dice Pedro Conceição, director de la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD.

«Esta crisis muestra que si no somos capaces de integrar la equidad en nuestras políticas muchas personas quedarán atrás»

La aplicación de medidas centradas en la igualdad tendría un costo razonable, según el estudio. Por ejemplo, el Programa de la ONU calcula que cerrar la brecha digital en los países de renta media y baja solo costaría un 1% de los paquetes de estímulo fiscal aprobados en todo el mundo hasta el momento en respuesta a la COVID-19.

La importancia de las políticas equidad se refleja en el Marco de las Naciones Unidas para la respuesta socioeconómica inmediata ante la crisis de la COVID-19, que establece unos criterios básicos para una buena gobernanza ecológica y en igualdad de género desde la que construir una «nueva normalidad».

La OMS alerta de los retrocesos en salud pública

En todo el mundo, la pandemia de COVID-19 está provocando la pérdida de muchas vidas, afectando a los medios de vida y poniendo en peligro los progresos realizados recientemente en el ámbito de la salud y los avances hacia la consecución de los objetivos mundiales de desarrollo señalados en las Estadísticas Sanitarias Mundiales 2020, según pública la Organización Mundial de la Salud (OMS).

«La buena noticia es que las personas de todo el mundo viven más tiempo y en mejor estado de salud, y la mala es que el ritmo de los progresos es demasiado lento para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Además, la COVID-19 nos alejará todavía más de estos», declaró el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS.

Unos pacientes en el hospital de Smara que ya contaban con escasos recursos en los campamentos de refugiados saharauis, donde el COVID-19 les ha supuesto un nuevo reto añadido a los 45 años de exilio. Fotografía: Alberto Pla

La OIT llama a reforzar la protección social

Mientras tanto, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), asegura que la única manera de lograr una recuperación que se sostenga y de prevenir futuras crisis en los países en desarrollo será subsanar el déficit de protección social que ha quedado en evidencia con la crisis generada por la pandemia de COVID-19.

La respuesta a la crisis derivada de la pandemia del coronavirus requiere la implementación de sistemas de protección social reforzados e integrales, sostiene un nuevo informe divulgado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

 

Érase una vez… Iqbal, un niño esclavo que dijo “basta”

2020-04-16T12:28:41+02:00abril 16th, 2020|

Por: Gerard Sánchez | Fotografías de Alberto Pla

Os voy a contar una historia: Érase una vez, en un lejano país llamado Pakistán, vivía un niño de tan solo cuatro años de edad llamado Iqbal Masih. Él era un niño como cualquier otro de su edad, estaba en ese momento de explosión lingüística, de curiosidad hacia todo lo que le rodea. Sus mayores ansias eran jugar y divertirse con sus seres cercanos. No obstante, también como tantos otros, vivía en el seno de una familia muy pobre. Tanto es así que su padre, ante la necesidad que le acuciaba y ante el compromiso de tener que pagar la boda de su hijo mayor, decidió cederlo a una fábrica de alfombras a cambio de conseguir un préstamo. En principio, debía trabajar allí tan solo hasta que el padre devolviera la deuda, la cual era descontada mensualmente de una parte del salario de Iqbal. No obstante, los elevados intereses, unidos a la necesidad de nuevos préstamos, ocasionaban que la deuda, lejos de disminuir, no parara de aumentar, por lo que Iqbal, a pesar de que trabajaba más de 12 horas al día, cada vez tenía menos opciones de abandonar su trabajo forzado en la fábrica de alfombras. Después de cinco años de duro trabajo y también de malos tratos, golpes y malnutrición, un activista contra la esclavitud infantil, Ullah Khan, se cruzó en el camino de Iqbal y le hizo perder el miedo. Se fugó de la fábrica y empezó a denunciar su situación, y la de tantos otros, apoyado por el Frente de liberación del trabajo forzado, que había sido fundado por Khan. Iqbal contaba tan solo con 10 años de edad, pero se convirtió en todo un referente de esta lucha en su país y en muchos otros a través de entrevistas en televisión en las que siempre decía “¡No compren alfombras! ¡Son confeccionadas por niños!”. Su vida, por fin, empezaba a cambiar, pero su activismo, su despertar, su denuncia ante una práctica que sigue todavía muy vigente en muchos lugares, era demasiado incómoda para ciertas personas y en 1995, cuando tan solo contaba con 12 años, fue asesinado de un disparo cobarde y anónimo mientras andaba, plácidamente en un día de pascua, con su bicicleta.

¿Conocían esta historia? Tal vez no, pero, al contrario que ocurre con muchas otras similares, no fue relegada al olvido, sino que sirvió de inspiración para que diversas ONG promovieran, en su honor, en el año 1997, que cada 16 de abril se conmemorara el Día Internacional contra la Esclavitud Infantil. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), todavía existen en el mundo unos 5,7 millones de niños y niñas esclavos.  Además, la OIT añade que unos 168 millones de niños son víctimas de trabajo infantil, de los cuales unos 85 millones sufren las peores formas de trabajo infantil, que internacionalmente se definen como esclavitud, trata de personas, servidumbre por deudas y otras formas de trabajo forzoso, reclutamiento forzoso de niños para utilizarlos en conflictos armados, prostitución y pornografía, y otras actividades ilícitas y que están recogidas en el Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil, 1999 (núm. 182) de la OIT.

La importancia de la educación contra la esclavitud infantil

En estos tiempos de confinamiento obligado, cuando los niños de nuestras escuelas en occidente han dejado de ir al colegio de forma temporal y los padres han asumido un rol de educadores al que muchos no estaban acostumbrados, tal vez se han empezado a dar cuenta de lo compleja y a la vez esencial que resulta la labor de los docentes para el desarrollo de los menores de edad. No obstante, en muchos otros lugares los niños y niñas no solo no van a la escuela, sino que se enfrentan a trabajos forzosos de todo tipo. De hecho, según la OIT, una tercera parte de los niños, entre 5 y 14 años, en trabajo infantil está fuera del sistema escolar.

Un niño trabaja en un taller mecánico en la comunidad de Rajeev Nagar, (Estado de Gurgaon), India. Fotografía: Alberto Pla

La educación es imprescindible y fundamental para que los niños y niñas tengan otras opciones, puedan salir del círculo vicioso en el que viven y tengan algo tan fundamental como es la esperanza y los sueños de una vida diferente a la que han visto reproducirse, generación tras generación, en sus familias y sus entornos más cercanos. A lo largo de nuestra trayectoria y trabajo con diversas ONG en varios países del mundo lo hemos comprobado en situaciones como la que reflejamos en corto documental Aulas para la libertad, que producimos para ESMABAMA y PROYDE, en Mozambique, un país que vivió 15 años de guerra de 1977 a 1992.

 

Cabe distinguir, pese a todo, el trabajo infantil, que en España, prácticamente, ya no contemplamos, pero que no era tan infrecuente hace tan solo unas décadas, de la esclavitud infantil. El primero, por muy duro o deleznable que pueda parecer, resulta, en ciertas ocasiones, indispensable para muchas familias que con el trabajo, durante algunas horas al día de sus hijos, logran salir adelante y consiguen también recursos para que los propios menores estudien y puedan tener un futuro mejor. Lo hemos visto con nuestros propios ojos en países como Guatemala, El Salvador o, más recientemente, en Etiopía. Estos niños y niñas que cuidan de las vacas, que colaboran en alguna pequeña tienda doméstica, que ayudan en el campo, o que se encargan de ir a buscar agua a los pozos, en muchos casos también van al colegio, pero, lo que es más importante, cuentan con el apoyo, la cercanía y el cariño de sus padres y sus familias. Algo que, por el contrario, no suele suceder con los niños esclavos que son víctimas de trata sexual, que se ven obligados a luchar en guerras o que son cedidos o donados a otras personas como ocurrió con Iqbal.

En un mundo ideal, el trabajo infantil no existiría, por supuesto, y para tratar de disminuirlo existen todo tipo de proyectos tanto por parte de los organismos públicos como privados, o por parte de ong y organismos multilaterales que ofrecen alternativas a las familias ya sea en forma de mejores trabajos para los padres, de ayudas directas para que los niños dejen de trabajar, de campañas de fomento del estudio… estos niños y niñas, dentro de su difícil situación, tienen ciertas opciones de que su situación y la de sus familias, pueda cambiar. Pero una vez que el niño o la niña en cuestión es víctima de trata, cuando pasa a sufrir todo tipo de abusos, cuando se lo desarraiga de su entorno cercano para explotarlo y esclavizarlo, desgraciadamente, la vuelta atrás ya no es posible, y cuando lo es lleva consigo todo tipo de secuelas y traumas que suelen ser de por vida.

¿Se acuerdan de Ullah Khan?, que ayudó a Iqbal en su denuncia contra la esclavitud infantil. Pasó en varias ocasiones por la cárcel en su país, sufrió varios intentos de asesinato y hoy sigue denunciando esta situación, aunque lo hace desde su exilio forzoso en Suecia. Allí fundó otra organización, Marcha Global, desde la que lucha para acabar con la explotación infantil y fomentar la educación. Su lucha, desde la distancia, ha conseguido clausurar varias empresas en Pakistán con la liberación de cientos de menores. Muchos Iqbal han dejado de serlo gracias a él y al compromiso y esfuerzo de otras personas que, en todo el mundo, luchan contra la esclavitud infantil.

Campañas contra la esclavitud infantil

Actualmente, existen diversas campañas en el mundo para luchar contra la esclavitud infantil. Incluso hoy, desde el confinamiento en tu hogar, puedes informarte sobre ellas y apoyarlas de muy diversas maneras, luchando así contra una lacra como la esclavitud que muchos consideran ya abolida pero que, en pleno siglo XXI sigue afectando a muchas personas, entre ellas, las más vulnerables como son las niñas y niños.

Campaña de Unicef: “The escape room. El primer escape room del que no se puede escapar”.

https://www.unicef.es/theunescaperoom

 

Campaña de Ayuda en Acción contra la trata infantil

https://ayudaenaccion.org/ong/colabora/trata-infantil/

Campaña de protección de la infancia de Educo

https://www.educo.org/QUE-HACEMOS/Proteccion-Infantil

Link a la web de la Federación de Asociaciones para la prevención del maltrato infantil

https://www.fapmi.es/

La esclavitud, una lacra que perdura

2020-03-25T13:07:46+01:00marzo 25th, 2020|

Por: Gerard Sánchez | Fotografía: Alberto Pla

Te propongo un ejercicio. Cierra los ojos y piensa en la palabra “esclavitud”. ¿Qué evoca en tu mente?

Seguramente, te habrán venido a la cabeza imágenes de personas negras trabajando en plantaciones, compradas y vendidas en plazas públicas, o tal vez habrás pensado en la construcción de las pirámides de Egipto o en algún otro momento de un pasado bastante lejano, ¿verdad?

Y si te digo que hoy, en pleno siglo XXI, y según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), alrededor de 40,3 millones de personas sufren alguna forma de esclavitud. Esta lacra de la humanidad, aunque abolida legalmente en la práctica totalidad de los países del mundo, sigue estando muy vigente y sigue afectando las vidas de muchas personas. Y lo hace, además, desde el silencio.

Una niña en Guatemala se ve forzada a trabajar por su situación de pobreza. La niñez y, por tanto, su sonrisa se pierde durante su infancia. Fotografía: Alberto Pla.

La desconocida esclavitud en España

Hoy, como cada 25 de marzo, se conmemora el Día Internacional de Recuerdo de las Víctimas de la Esclavitud y la Trata Transatlántica de Esclavos. No hay que olvidar que los países europeos contribuyeron, fomentaron y se lucraron con la trata transatlántica de esclavos durante más de 400 años. Millones de personas, en su mayor parte procedentes del continente africano, fueron arrancados de sus lugares de orígenes, familias y hogares para ser trasladados, sobre todo a América para llevar a cabo todo tipo de trabajos forzados.

Pero no solo el continente americano fue el destino de estos esclavos, como recuerdan desde la ONGD Movimiento por la Paz (MPDL), los países europeos y entre ellos España no solo compraron y vendieron esclavos a América, sino que también fueron explotados en el interior de sus países, donde muchos de ellos se quedaron y tuvieron descendencia. Por ejemplo, se calcula que a finales del siglo XVI vivían en España unos 58.000 esclavos. Es más, una de las excepciones en el reino de Valencia ante el Decreto de 1609, de expulsión de los moriscos, era que quedaban fuera de esta aquellos que fueran esclavos, los cuales seguirían como tales.

La esclavitud permaneció en España y en sus colonias, de forma totalmente legal, hasta finales del siglo XIX. El 13 de febrero de 1880 se promulgó la La Ley de Abolición de la Esclavitud, aunque esta daba un plazo de ocho años para hacerla efectiva. Y esto nos recuerda una de las frases que el personal de Movimiento por la Paz suele decir en sus charlas en las universidades: “¿Conocéis a alguna persona en España con la tez oscura o el pelo muy rizado? Si indagarais en sus raíces seguramente encontrarías antepasados esclavos”.

Aquí os dejamos el vídeo “Somos Parte de un Todo” que elaboramos para MPDL en relación al Decenio Internacional para los/las Afrodescendientes.

La trata de personas en nuestros días

Como decíamos, se estima que actualmente más de 40 millones de personas sufren esclavitud. De ellas, unas 30 millones son obligadas a realizar trabajos forzados, es decir lo hacen bajo amenaza y contra su voluntad. Unas 15 millones de personas viven sus vidas en matrimonios forzados. Mientras que unas 4,8 millones son explotadas sexualmente. El tráfico de seres humanos no es algo que nos sea ajeno, pues la OIT recalca que, prácticamente, todos los países son afectados ya sea como lugar de origen, de tránsito o de destino de las víctimas. Unas víctimas que, en su mayor parte, son mujeres y niñas, las cuales son utilizadas, compradas y vendidas como esclavas para trabajos forzados, para matrimonios forzosos o para el tráfico sexual.

Por lo que respecta a  España, el informe de la OIT estima que existen 105.000 personas esclavas. Así que la esclavitud en nuestro país, además de ser bastante desconocida y silenciada, no es algo propio de la época colonial, sino que pervive y se retroalimenta, todavía más en situaciones de crisis como la que muchos expertos auguran que se avecina debido a los efectos del Covid-19.

La incidencia y consecuencias de la esclavitud y el trabajo forzoso en nuestro país se ven cuando se llevan a cabo operaciones contra la misma por parte de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado. Es más, la Guardia Civil lanzó en 2019 la campaña #trabajoforzoso para alertar, concienciar a la población y pedir la colaboración ciudadana. Pero, desgraciadamente, es una realidad que se vive desde el silencio y la marginación, gran parte de sus víctimas son inmigrantes, en la mayoría de ocasiones viven confinados, bajo amenazas y, además, es bastante común que no conozcan bien nuestro idioma y, sobre todo, que no conozcan sus derechos básicos o que no puedan o no se atrevan a ejercerlos.

Cómo combatir la esclavitud

Los ciudadanos podemos llevar a cabo muchas acciones, conscientes e inconscientes para combatir la esclavitud, la trata y los trabajos forzados. Entre ellas se encuentra denunciar cuando conocemos algún caso, pero también exigir de dónde viene todo aquello que consumimos, cómo se ha elaborado… también, lógicamente, no ser partícipes del consumo de sexo por dinero. Pero también colaborar con las ONGD que luchan contra todas estas prácticas. Educar y concienciar a las nuevas generaciones sobre la importancia de llevar a cabo un consumo responsable, de fomentar la igualdad de derechos en todos los seres humanos y de erradicar el racismo. Y, sobre todo, no mirar hacia otro lado y ser conscientes de que es una realidad que está ahí, no pertenece al pasado, no es propia de otros lugares del mundo, sino que está en nuestros barrios, en nuestras ciudades, pasando cada día ante nuestros ojos.

Links de Interés:

  • La Asamblea General de la ONU proclamó 2015-2024 como el Decenio Internacional de los Afrodescendientes (resolución 68/237) citando la necesidad de fortalecer la cooperación nacional, regional e internacional en relación con el pleno disfrute de los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de las personas de ascendencia africana, y su plena e igualitaria participación en todos los aspectos de la sociedad.
  • Para conocer más sobre la historia, las consecuencias y el impacto de la esclavitud podéis consultar el proyecto de la Unesco La ruta del Esclavo.
  • Las ONGD llevan a cabo diferentes acciones y campañas para fomentar un consumo más responsable que evite, entre otras circunstancias, el trabajo forzado. Una de ellas es la campaña Ropa Limpia de Setem.

Pie de foto de portada: Unos niños arrastran basura en el vertedero de Cobán, en Guatemala.  La falta de alimentos, la desnutrición crónica o el absentismo escolar obligan a las niñas y niños a desarrollar trabajos para apoyar a sus familias con muy escasos recursos. Fotografía: Alberto Pla

20 de febrero, un día para para cerrar la brecha de las desigualdades sociales

2020-02-20T14:39:50+01:00febrero 20th, 2020|

Por. Gerard S. Ferrando

Como cada 20 de febrero, desde 2009, hoy se celebra el Día Mundial de la Justicia Social, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Una conmemoración que en este año 2020 tiene como lema “Cerrar la brecha de las desigualdades para lograr la justicia social”.

La Asamblea General reconoce que el desarrollo social y la justicia social son indispensables para la consecución y el mantenimiento de la paz y la seguridad en las naciones y entre ellas, y que, a su vez, el desarrollo social y la justicia social no pueden alcanzarse si no hay paz y seguridad o si no se respetan todos los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Un elemento fundamental para conseguir una justicia social efectiva es fomentar unas condiciones de trabajo dignas y estables. En este sentido, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) alerta de que “Más del 60 por ciento de todos los trabajadores carecen de cualquier tipo de contrato de trabajo”. Y también de que “menos del 45 por ciento de los trabajadores asalariados tienen un empleo a tiempo completo y permanente, y la tendencia parece ser hacia la baja”.

La justicia social en el Festival Humans Fest de Valencia

Una forma de visibilizar y concienciar sobre la justicia social en el mundo son los documentales y audiovisuales. En este sentido, y como es habitual cada año, la celebración de este Día Mundial de la Justicia Social coincide en Valencia con las proyecciones del Festival Internacional de Cine y Derechos Humanos (HumansFest) que promueve la Fundación por la Justicia. Un evento que arrancó el pasado 18 de febrero con la gala de inauguración del festival y con las primeras proyecciones que se irán desarrollando en varias sedes en la ciudad de Valencia hasta el próximo 28 de febrero.

 

El actor Pepe Viyuela recogió el Premi Pau i Justicia, homenaje a su larga trayectoria comprometida con causas sociales y a la capacidad de realizarlo a través del humor.

«142 Pulsaciones», el 27 de febrero en la SGAE

Desde la agencia Alberto Pla-Proyectos de Comunicación Social, comunicamos todo tipo de realidades relacionadas con la justicia social y los derechos humanos en diferentes países y continentes. Precisamente, uno de nuestros documentales “142 Pulsaciones”, rodado en Guatemala y en París, participa este año en el Humans Fest dentro de la sección Especial. Todas las personas que deseen conocer la historia de superación de Kimberly, una niña que creció en un vertedero y que logró estudiar enfermería gracias a su esfuerzo y el apoyo de la Asociación CONI, podrán hacerlo el próximo 27 de febrero, a las 18 horas, en la sede de la SGAE, C/ de la Blanqueria, 6, de Valencia. Una proyección que, además, estará acompañada con un coloquio en el que participará el director de este documental, Alberto Pla.

Promover la justicia social está en nuestro día a día

Como indican también desde Naciones Unidas, “La justicia social es un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera, dentro los países y entre ellos. Defendemos los principios de justicia social cuando promovemos la igualdad de género, o los derechos de los pueblos indígenas y los migrantes. Promovemos la justicia social cuando eliminamos las barreras que enfrentan las personas debido al género, la edad, la raza, la etnia, la religión, la cultura o la discapacidad”. Unas actitudes y modos de actuar que dependen, en gran medida de los gobiernos, las empresas y las instituciones, pero que también podemos tratar de aplicar en nuestro día a día, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones personales y en nuestras pequeñas decisiones y actitudes cotidianas.

 

 

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