“El confinamiento en Etiopía es totalmente imposible. La inmensa mayoría de la población vive al día”

2020-04-24T11:16:23+02:00abril 24th, 2020|

Por Gerard Sánchez | Fotografías de Alberto Pla

La pandemia mundial ocasionada por el Covid-19 está cambiando los modos de vida en todas las partes del mundo. Una de las primeras medidas lanzadas desde diferentes gobiernos, sobre todo los occidentales, fue recomendar que sus ciudadanos que vivían en otros lugares regresaran cuanto antes. No obstante, existen personas que no solo han decidido permanecer donde estaban, sino que lo han hecho porque son conscientes de que su labor, vinculada a proyectos de cooperación internacional resulta fundamental y lo será todavía más a corto y medio plazo. El equipo de la Agencia Alberto Pla-Proyectos de Comunicación Social queremos mostrarles todo nuestro apoyo y admiración. En este sentido, vamos a llevar a cabo una serie de entrevistas con cooperantes españoles que han decidido continuar en sus países de destino.

Arrancamos estas entrevistas con Lourdes Larruy, responsable de la Comunidad Misionera san Pablo Apóstol (MCSPA) en Muketuri (Etiopía). Precisamente, dos días antes de que se declarara el estado de alarma en España, tres integrantes de nuestra agencia regresamos de Muketuri donde fuimos a grabar nuestro próximo documental. Allí fuimos testigos de cómo la MCSPA, junto a la Fundación Emalaikat y otras entidades colaboradoras como la ONG MOSSolidaria, trabajan cada día para contribuir a la formación de niños y niñas, para garantizar su alimentación, así como para llevar agua, mediante la construcción de pozos, a lugares muy remotos, entre muchas otras acciones e iniciativas. Lourdes Larruy nos relata cómo ha cambiado la pandemia todas estas acciones y nos muestra su preocupación sobre cómo podrán mantenerlas si esta se prolonga.

Lourdes Larruy abraza a Genet, la protagonista del documental que rodamos en Etiopía para la Misión San Pablo Apóstol. Fotografía: Alberto Pla

Lleva 20 años viviendo en África y 13 en Muketuri (Etiopía), ¿pensó en algún momento en regresar a España por el Covid-19?

No pensé en regresar a España en ningún momento, este es mi lugar. De hecho, tenía previsto viajar a España justo en marzo para dar charlas en algunas universidades, ver a benefactores y a la familia, pero decidí no ir ya que después seguramente no podría volver.

¿Qué le dicen su familia y amigos en España?

Mi familia, aunque les encanta que vaya enseguida, me dijeron justamente eso: “No vengas porque después no podrás volver”. Muchos en España se muestran preocupados por la gente en África, sobre todos los que han estado aquí. Nos han dicho que si este virus está siendo devastador en nuestras sociedades, las cuales cuentan con buenos sistemas sanitarios, ¿qué va a pasar en África? Muchos nos han insistido en que nos cuidemos… otros nos preguntan cómo estamos y qué situación vivimos. Muchos voluntarios que han estado aquí quieren saber cómo está la situación… De manera que montamos un grupo de Whatsapp con ellos para rezar un padrenuestro a la misma hora por la gente de Etiopía todos los días: creo que ha sido consolador para nosotras y fortalecedor para todos.

Etiopía saltó a la actualidad cuando la aerolínea nacional, una de las más importantes de África, decidió mantener los vuelos con China. Pese a ello, no ha habido, de momento, un boom de contagios. Se habla de que los motivos pueden ser la juventud de la población y que se tomaron medidas de prevención pronto. ¿Está de acuerdo?

Desde luego, la edad media de la población etíope va a ayudar, aquí casi no hay, prácticamente, nadie que pase de los 65 años. Por otro lado, pareciera que la población que está permanentemente desnutrida podría ser víctima fácil, pero también creo que son supervivientes, han desarrollado una fortaleza extraordinaria porque luchan a diario por sobrevivir. Las medidas de cerrar escuelas y universidades y cerrar fronteras terrestres y transportes públicos creo que ha ayudado a que no se extienda por el país o, al menos, que no lo haga rápido. También el control de las personas que llegan de fuera, están en cuarentena en lugares aislados, incluso algunos que se sabía que llegaron de otros países los vienen a buscar en ambulancias… Lo de los mercado es más complicado: en Muketuri, como en muchos lugares, han trasladado el mercado a lugar más grande, en nuestro caso, a la cancha de futbol, para que las paradas en el suelo puedan estar más separadas… pero es imposible guardar distancia.

Deribe reparte una ración a los niños y niñas de la comunidad de Gimbichu. Fotografía: Alberto Pla

“En Etiopía se es mucho más consciente de la vulnerabilidad del ser humano ante las fuerzas de la naturaleza”

¿Cree posible que el virus, como se dice desde algún lugares, podría haber pasado sin mayor trascendencia ya por varios países africanos, entre ellos Etiopía? ¿O tal vez no ha llegado aún con fuerza o los datos que se dan no son los correctos?

Todo puede ser, lo que está claro es que los números de infectados aumentan, aunque lentamente, también porque no se realizan tantos tests… y es muy probable que mucha gente no quiera ir al hospital, es difícil de saber. Lo que si que creo que está ayudando es el hiper control que este país tiene sobre la información de quien llega de fuera y rastrear los contactos que hayan podido tener. Es de resaltar la religiosidad de este país: el gobierno pidió oficialmente a los lideres religiosos, de todas las religiones, que llamaran a la oración en esta situación de pandemia, reconociendo su frágil sistema sanitario para atender a la población. Todos los días a las 21h en la TV nacional uno de diferentes grupos religiosos reza por ello. Se ha declarado un mes de oración y ayuno. Es impresionante cómo le gente sencilla confía en que la fe de los etíopes va ayudar; lo que está claro es que aquí se es mucho más consciente de la vulnerabilidad del ser humano ante las fuerzas de la naturaleza.

¿Son factibles las medidas de confinamiento y aislamiento en un país como Etiopía en el que muchas personas viven al día y comparten casas que, en muchos casos, solo tienen una estancia o un par de ellas?

El confinamiento aquí es totalmente imposible. La inmensa mayoría de la población vive al día. Es una economía muy precaria, muchos viven de ser jornaleros, o bien de la construcción, o hacer trabajos de lavar ropa o cocinar en el caso de las mujeres, sin ningún tipo de contrato; si hay trabajo se come, si no, las cosas se ponen difíciles.

Por otra parte, las casas son pequeñas, oscuras, no se puede estar encerrado por el día. Nadie tiene almacenado nada de comer, lo que ganan cada día no les da para eso. En este sentido, los que viven del campo lo tiene un poco mejor, porque tienen, al menos, su cosecha. Ha sido impresionante la iniciativa de gente campesina que ha ayudado con parte de su cosecha para que el gobierno pueda distribuir comida en los pueblos más grandes y en las ciudades.

Unas mujeres secan ropa al sol en el altiplano etíope. Fotografía: Alberto Pla

¿Cómo ha cambiado vuestro día a día debido a esta pandemia?

Pues llevamos más de un mes sin movernos de Muketuri. Antes íbamos cada semana a misa a la capital y hacer compras o a llevar gente al hospital. No queremos ir sobre todo para evitar la posibilidad, por pequeña que sea, de traer el virus aquí. Mientras tanto, Nuestro Centro Materno infantil está cerrado y los comedores también. Los niños que tenemos becados en escuelas internas están aquí en Muketuri y organizamos cosas con ellos para que no pierdan su curso escolar. No podemos hacer reuniones de más de cuatro personas en la misma habitación. Pero continuamos visitando a familias y excavando pozos.

En Muketuri cuentan con un comedor escolar infantil con unos 350 niños, ¿qué supone para ellos y para sus familias no ir ahora al colegio?

Pues ese es un problema, porque nuestro centro Materno Infantil, con 346 niños y niñas, es un centro educativo, pero lo más importante es que los menores reciben dos comidas todos los días de lunes a viernes. Por eso hemos organizado, desde hace dos semana, la distribución de comidas a las familias más pobres de los niños registrados en el Centro, porque si no, sencillamente, no comen. Y después el problema será mayor si están desnutridos y enfermos.

¿Qué están haciendo durante estos días para aliviar el sufrimiento de estas familias?

Cada martes distribuimos a 42 familias alimentos: 4 kg de harina o cereal, 10 huevos, jabón y verduras. Y cada sábado atendemos a los niños del programa de desnutridos con harina proteica y leche. Todo esto con las precauciones marcadas por el gobierno: la gente se espera fuera con un distancia de 2 metros entre ellos, los vamos llamando de uno en uno, se lavan las manos antes de entrar… También estamos confeccionando mascarillas en el taller de costura, para las maestras y para el personal voluntario etíope que nos ayudan en la distribución.

¿Cuáles son las principales necesidades ahora mismo para mantener este tipo de ayudas?

Necesitamos fondos para comprar comida, hasta ahora hemos ido tirando de la comida que teníamos para el centro, pero ya tenemos que comprar. El valor de los que damos a cada familia cada martes es de unos 6 euros, todas las semanas a 43 familias… De momento, la ayuda la centramos en estas familias.. si esta situación se alarga más aumentará el número de gente que no tiene nada que comer.. y no sé si podremos responder a todas; El gobierno también ha organizado una lista de gente que necesita ayuda y nos coordinamos para la distribución. Les pasamos la lista cada semana de la personas a quien les estamos dando comida.

Es un poco agobiante no saber qué va a pasar.. hay jóvenes que han vuelto de la universidad, donde comían, y no tienen donde trabajar, o jóvenes que vivían de bici taxi o de limpiar zapatos en la calle… estamos pensando en organizar un programa de comida por trabajo, o sea, gente que hagan trabajo comunitarios como limpiar el pueblo a cambio de comida, pero de momento no tenemos fondos para eso, vamos a ver si lo podemos hacer junto con el gobierno local.

Una niña ayuda a dar de comer a su hermano en el comedor que mantiene la Misión San Pablo Apóstol en Gimbichu, Eitopía. Fotografía: Alberto Pla

Llevan a cabo un programa con niños desnutridos. ¿En qué consiste? Si esto se alarga, ¿lo podrán mantener?

Atendemos a unos 250 niños que, por distintas razones, están por debajo de su peso normal, algunos porque son gemelos y la madre no tiene suficiente leche para dos bebés; reciben harina proteica y leche hasta que su peso es normal para su edad. Más o menos la mitad vienen de los pueblos de alrededor de Muketuri y la otra mitad viven en Muketuri. Los que están viniendo ahora son mayormente de Muketuri; los de los pueblos vienen menos, la gente se mueve poco, por las indicaciones que el gobierno está dando por radio. Este programa está diseñado para aportar un suplemento alimenticio a los bebés, pero ahora muchas de estas familias, en muchos casos mujeres solas, no tienen cómo mantener al resto de la familia, esto es un gran problema, que no se podrá mantener pacíficamente mucho tiempo.

«Hay que sensibilizar en que la falta de justicia en tantos lugares nos hace a todos más vulnerables»

Teme que Europa, una vez pase esta crisis, se centre, más que nunca, en sí misma, y se olvide de la cooperación al desarrollo y del sufrimiento en otros países?

Obviamente, estamos ya pensando en que a partir de ahora las ayudas bajarán, sobre todo las convocatorias, grandes ayudas… pero nuestra experiencia está siendo que mucha gente está reaccionando de manera solidaria, pensando en África, queriendo colaborar, quizás más modestamente, pero no olvidarse. Sobre todo, nuestros colaboradores permanentes, muchos han estado aquí y se sienten vinculados.

También creo que a gran escala tendrá que haber una reflexión sobre la interacción de todos los países del mundo: creo que este virus ha puesto el dedo en la llaga en el sentido de que no podemos vivir unos sin los otros, o sea, pretendiendo vivir bien cuando hay lugares dónde no existen sistemas sanitarios, porque esto nos va a afectar a todos. Creo que al menos en el tema salud habrá más corresponsabilidad… aunque sea por protección propia.

¿Qué habría que hacer para que esto no ocurriera?

Profundizar en eso, en cómo nos afecta a todos lo que se vive en el otro lado del mundo. Sensibilizar en que la falta de justicia en tantos lugares nos hace a todos más vulnerables. Creo que es una buena ocasión para profundizar en la gratuidad de lo que tenemos; no podemos controlarlo todo, por mucho dinero que uno tenga. no puede controlar algo como esta pandemia.

Mari Olcina, directora de la ONGD MOSSolidaria pesa a un bebé en la comunidad de Gimbichu, Etiopía. Fotografía: Alberto Pla.

En un hipotético escenario en que los europeos buscaran refugio en un continente como África, ¿cómo cree que sería la acogida?

Al principio hubieron en la capital brotes de odio a los extranjeros, pero, en general, la gente de los pueblos, los que nos conocen han reaccionando preocupándose por nosotros, por nuestras familias, por los voluntarios que han estado aquí.. Hemos recibido muchas muestras de agradecimiento por habernos quedado; una mujer nos dijo: “Hemos comentado en mi poblado que pudiendo iros a vuestro país con vuestra familia, os quedáis aquí con nosotros, os lo agradecemos mucho.” Con el vocabulario etíope muchos nos dicen “que Dios os dé larga vida”.

NOTA: Si colabora o pertenece a alguna ONGD y desea que entrevistemos a alguna persona española que continúa como cooperante en algún país del mundo, póngase en contacto con nosotros:

apla@albertopla.com

gsanchez@albertopla.com

Un aplauso para las ONG. Sois imprescindibles

2020-04-07T09:59:16+02:00abril 7th, 2020|

Vivimos días extraños. Tiempos de cambiar rutinas, de reflexionar, de buscar alternativas. Hoy, cuando casi todo se para por el Covid-19, nos damos cuenta de que somos vulnerables, de que ningún muro puede salvarnos y de que solo la unión, el compromiso y la solidaridad, pueden ayudarnos. Hoy puede que nos sea más fácil ponernos en la piel de los otros, en la de aquellos que huyen de guerras o del hambre. Puede que nos aflijamos con los que sufren en hospitales o los que viven privados de libertad en campos de refugiados. Pero ya antes había muchas personas que luchaban para que abriéramos los ojos, para que no olvidáramos otras realidades, para que fuéramos empáticos, solidarios, humanos al fin y al cabo.

Ellas y ellos, desde sus organizaciones, ONG, Fundaciones… entregan sus vidas a los otros, buscan cambios reales y contribuyen a crear un mundo mejor. Por eso queremos que el aplauso sea también para vosotros, porque estamos seguros de que ahora, y siempre, sois imprescindibles. Por eso os dedicamos este vídeo y este artículo y os animamos a seguir, a no desfallecer, a continuar con vuestro trabajo, a veces invisible, pero muy necesario y que realmente cambia vidas.

En este vídeo podemos ver imágenes de proyectos que hemos llevados a cabo en diferentes países del mundo gracias a ONG y organizaciones muy diferentes. Así, encontramos a “El corazón de Haití” que se llevó a cabo con la organización TECHO, la cual está presente en 19 países de América Latina.

Entre ellos se encuentra también el proyecto “Aulas para la libertad”, rodado con la Asociación ESMABAMA y PROYDE en Mozambique.

También vemos a Trini Blanch, delegada en la Comunitat Valenciana de la Assamblea de Cooperació per la Pau (ACPP) durante la grabación de un spot en Morella para difundir su proyecto “Elles trien, nosaltres les triem a elles”, con el que mujeres del Ports y de Túnez unieron esfuerzos para crecer mutuamente.

Una competición larga como la que nos ha tocado ahora se gana partido a partido. Y así, día a día, partido a partido, logran mejorar sus vidas y salir adelante, con el deporte como bandera, las personas beneficiarias por la Fundación del Valencia CF, como pudimos ver con el proyecto audiovisual, «el partido de tu vida«, que constaba de varias cápsulas con historias de vida y superación.

Como olvidar a la Kimberly, protagonista de nuestro documental “142 Pulsaciones”, rodado en Guatemala para la Asociación Coni, presidida por Alejandro Sebastián. Un filme que muestra la importancia de la educación y cómo la solidaridad puede retroalimentarse para continuar generando oportunidades entre las persona con menos recursos.

Un sol para dominicana”, es otro de los trabajos que hemos llevado a cabo, en este caso, en la República Dominicana, gracias a la Fundación SOLCA. Pero con ellos viajamos también a Costa Rica para elaborar “Tenemos un Plan” y a Nicaragua con “Increíbles”.

En El Salvador, la ONG CESAL lleva a cabo un trabajo incansable de prevención de la Violencia, que registramos con “Somos Salvador”, una exposición que lleva varios años circulando por España y que va acompañada de varias cápsulas audiovisuales.

Las ONG contribuyen a transformar el mundo no solo en otros países y continentes, sino también en el nuestro. Lo hace, por ejemplo, la ONG Cooperación Internacional, con campañas como Breakfast for Others, pero también cuando van al Líbano y luego sensibilizan a los estudiantes valencianos sobre cómo es la educación en contextos de guerra o miseria. Y lo hace también la ONG MOSSolidaria cuando lleva a estudiantes de nutrición a los campos de refugiados del Sáhara, como se puede ver en nuestro documental “Atu. El rostro de un pueblo olvidado”.

 

Para contribuir a un mundo más justo, a veces es necesario dar un paso adelante y denunciar las injusticias, se produzcan donde se produzcan, como hizo la Coordinadora Valenciana de ONGD al personarse como acusación en el caso Blasco. Y como lo hacen cada año con la organización de las manifestaciones de “Pobresa Zero”, cuyo spot de promoción elaboramos también en 2019.

Todas las ONG son vitales y fundamentales

Desde las ONG y organizaciones más grandes y consolidadas en el mundo como Cruz Roja, hasta las más pequeñas o recientes como MOSSolidaria, todas son vitales y fundamentales siempre y más aún en estos tiempos difíciles. Hay quien recibe premios y reconocimientos por su labor, como lo hizo, en 2018, el sacerdote valenciano Vicente Berenguer, misionero en Mozambique durante 50 años, que recibió ayer el título de Hijo Adoptivo de la ciudad de Valencia. Pero el mayor premio es ser consciente de que con tu labor, con tu compromiso, con tus acciones puedes llevar la esperanza, la inspiración, el cambio, a cualquier persona, sea cual sea su situación.

Una labor social y solidaria que la Generalitat Valenciana viene financiando desde hace 30 años y que recogimos en el libro Cooperació valenciana, 30 anys transformant el món, el cual fue presentado, el pasado mes de enero, por el president de la Generalitat, Ximo Puig, en el Palau de la Generalitat.

El president de la Generalitat, Ximo Puig, junto a Alberto Pla, en la presenación del libro «Cooperació Valenciana, 30 anys transformant el món». Foto: Juanjo Martín.

Entre estas organizaciones con gran trayectoria se encuentran algunas como la ONG Movimiento por la Paz (MPDL) que trabaja desde 1983 por el pleno cumplimiento de los derechos humanos, la gobernabilidad democrática, la igualdad y la solidaridad entre las personas y los pueblos. Más tiempo todavía lleva la Fundación Vicente Ferrer en India, concretamente desde que Vicente y Ana llegaran a este país en 1969. Un país asiático en el que otra Fundación, Fontilles, se ha convertido en todo un referente de lucha contra una enfermedad tan estigmatizada como es la Lepra. Con ellos viajamos en 2019 para elaborar el documental “Asha. Historias de lepra y esperanza”, el cual se estrenó en enero de este año.

Regresamos de nuestro último viaje el 12 de marzo, justamente dos días antes de que se declarara en España el estado de alarma. Allí, en Etiopía, de la mano de MOSSolidaria, la Fundación Emalaikat y la Comunidad Misionera San Pablo Apóstol, dirigida por Lourdes Larruy, trabajamos en la elaboración de nuestro próximo documental y aprendimos el valor de la educación desde la más tierna infancia. Vimos como hay sueños inimaginables que se pueden cumplir, y cómo hasta el más pequeño apoyo nutricional puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Varios niños juegan con unas ruedas en el patio de la guardería de la Comunidad Misionera San Pablo Apóstol en Muketuri (Etiopía). Foto: Alberto Pla.

Ahora, desde nuestros respectivos hogares, como tantas otras personas, seguimos trabajando, pero no podemos dejar de pensar en cómo afectará esta pandemia, con sus consecuencias sanitarias, sociales, económicas… a las personas que viven en los países más vulnerables, a aquellas que sobreviven en campos de refugiados como los del Sáhara o Palestina, pero también a las familias con pocos recursos en España. Pero si de algo estamos seguros, si algo nos reconforta, es saber que las ONG y todas aquellas personas que trabajan, colaboran y cooperan con el tercer sector, seguirán ahí, en primera línea, ofreciendo sus manos, su inteligencia, sus conocimientos y, sobre todo, sus almas, su corazón, su pasión y entrega, para conseguir que esos pequeños granos de arena se conviertan en grandes bolas portadoras de esperanza, transformadoras de vidas y hacedoras de sueños.

¿Estarás tú también ahí junto a ellas y ellos?

El agua, un bien tan esencial como desigual

2020-03-23T18:08:10+01:00marzo 23rd, 2020|

Por: Gerard Sánchez | Fotografías: Alberto Pla

Te levantas por la mañana, vas al baño, tiras de la cadena y abres el grifo del lavabo para lavarte la cara, los dientes y, sobre todo ahora, en estos tiempos de Covid-19, las manos. Es algo tan cotidiano, mundano y asumido que ni siquiera lo valoramos ¿verdad? O tal vez ahora, cuando tantas restricciones, jamás pensadas, se te están poniendo en tu vida, te preguntes también qué pasaría si de ese grifo, de esa cadena, no saliera agua. Una circunstancia que hoy, en pleno siglo XXI, siguen viviendo muchas familias no solo en lugares remotos y fundamentalmente agrícolas y ganaderos, como pudimos comprobar en nuestro reciente viaje a Etiopía, sino también en Europa y en España.

Una niña se refresca en el tejado de la comunidad de Raeev Nagar en el estado de Gurgaon, India. Fotografía: Alberto Pla

Este pasado domingo, como cada 22 de marzo, se conmemoraba el Día Mundial del Agua. Una efémeride que instauró la ONU en 1993 para recordar la relevancia de este líquido esencial. Pero, como también lamenta esta organización, se estima que todavía hay, al menos 200 millones de personas sin acceso al agua potable en su vida cotidiana. Precisamente, la campaña de este año de la ONU en relación a este día, reinventada por la marcha de los acontecimientos generados por el coronavirus, incidía en unirse a la campaña #ManosLimpias (#SafeHands en inglés). Es decir, a lavarse las manos con regularidad. Aunque, lamentablemente, para mucha gente todavía lo más acuciante es la necesidad de #agualimpia.

Una niña se baña en el mar Egeo junto al campamento de refugiados de Karatepe en Lesbos. Fotografía: Alberto Pla

Nosotros, la verdad, regresamos a España el pasado 12 de marzo totalmente concienciados con la importancia de lavarnos las manos regularmente, allí, en Etiopía, Mari Olcina, presidenta de la ong MOSSolidaria, y su marido Víctor Pareja, iban siempre con el jabón de mano consigo y nos animaron a hacer lo mismo. Lo aprendimos también de los rituales de higiene que la Comunidad Misionera San Pablo Apóstol inculcaba en los niños y niñas de tres a seis años de su guardería ubicada en Muketuri.

Deribe, líder comunitaria de Gimbichu saca agua de un pozo construido por la Comunidad Misionera San Pablo Apóstol. Fotografía: Alberto Pla

Pero en Etiopía nos concienciamos de la importancia y el carácter esencial del agua cuando conocimos de primera mano cómo la construcción y mantenimiento de los pozos, que llevan a cabo la comunidad misionera y la Fundación Emalaikat, consiguen cambiar la vida de las familias campesinas. Con ello no solo logran producir alimentos en la época seca, la cual en este árido y caluroso país africano dura hasta nueve meses, sino que consiguen sacar adelante a sus familias, mejoran sus aspectos nutricionales y hasta logran unos ingresos extra al vender los excedentes en los mercados locales.

Unas niñas se lavan las manos en una escuela de Bangalore donde la ONGD Fontilles previene enfermedades infecciosas. Fotografía: Alberto Pla

La henna es una pintura característica de India que puede aplicarse también en las palmas de las manos. Fotografía: Alberto Pla

El tener acceso al agua potable, no en los hogares, ojo, sino, en tu poblado o cerca de él, cambia la vida de toda la comunidad, especialmente de las niñas y mujeres. Las primeras, pueden estudiar más al no tener que caminar, cada día, largas distancias en busca de agua. Las segundas, pueden dedicarse a otras tareas más productivas. El agua es esencial para sus necesidades básicas, así como para sus cultivos y para su ganado.

Un niño se refresca en la comunidad de Gariche Prince, en Haití. Fotografía: Alberto Pla

El agua, ese bien esencial que en Europa compramos en jarras o botellas de plástico, las cuales, paradójicamente, son uno de los principales elementos causantes de contaminación en el mundo, ese líquido transparente que dejamos perderse por nuestros lavabos y duchas sin darle mayor importancia, es, en cambio, auténtico oro en muchos lugares del mundo. El Objetivo de Desarrollo Sostenible nº 6 es Agua y saneamiento para todos antes de 2030. A estas alturas, nadie sabe si se logrará conseguir, pero si cada vez que abrimos nuestros grifos, si cada vez que paseamos por nuestros ríos y mares, si cada vez que compramos una botella de agua pensamos en la relevancia que tiene este oro líquido no solo para nuestra supervivencia, sino para la de nuestro planeta, tal vez gran parte del camino ya estará hecho. Luego, faltará transmitir esa concienciación a las nuevas generaciones, exigir medidas de protección a los estamentos públicos y privados y, cómo no, apoyar iniciativas de construcción de pozos, de saneamiento y de educación como las que llevan a cabo en Etiopía entidades como la Comunidad Misionera San Pablo Apóstol y la Fundación Emalaikat.

El agua es, hoy por hoy, un bien tan esencial como desigual, un recurso natural fundamental para la vida que, sin embargo, no escapa a las especulaciones ni a los intereses económicos y políticos. Un tesoro que no solo hay que valorar, sino también cuidar, proteger y exigir como el derecho fundamental que es.

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